Meditación para el día de la fiesta de San José – 19 de marzo

Meditación para el día de la fiesta de San José – 19 de marzo

Punto I.

Encargado por Dios san José de cuidar y dirigir en lo externo a Jesucristo, era importante que tuviese las cualidades y las virtudes necesarias para cumplir dignamente ministerio tan santo y elevado.

El Evangelio nos indica tres, que le cuadraban admirablemente para el cargo que se le había encomendado: Era justo, era muy dócil a las órdenes de Dios 1, y tenía cuidado especial de todo lo relativo a la educación y mantenimiento de Jesucristo 2.

La primera cualidad que el Evangelio atribuye a san José es que era justo; y también era la principal de cuantas necesitaba, para ser capaz de dirigir a Jesucristo, pues siendo Dios y la santidad misma, no hubiera sido conveniente que quien estaba encargado de su dirección no fuera santo y justo delante de Dios.

Era, incluso, muy conveniente que, después de la Virgen Santa, fuera uno de los mayores santos que vivieran entonces en el mundo, para que guardara alguna proporción con Jesucristo, que había sido confiado y encomendado a sus cuidados.

El Evangelio dice también que era justo delante de Dios, es decir, enteramente santo. Y hasta hay motivo para creer que san José, por privilegio particular, fue totalmente exento de pecado.

Vosotros estáis encargados, igual que san José, de un empleo santo que, por tener mucha relación con el suyo, exige también que vuestra piedad y vuestra

virtud no sean corrientes. Tomad, pues, como modelo vuestro a san José, ya

que  lo  tenéis  como  patrono, y  para  haceros dignos  de  vuestro  ministerio, procurad sobresalir en virtud, a ejemplo de este gran santo.

 

Punto II.

La segunda virtud que nos hace notar el Evangelio en san José es la santa y plena  sumisión a  las  órdenes de  Dios.  Dios  le  advirtió por  un  ángel  que permaneciera con la Virgen Santa cuando dudaba si dejarla o no; e inmediatamente cesó de pensar en ello.

Después del nacimiento del Niño Jesús, Dios le avisó, de noche, que lo llevara a Egipto, para salvarlo de la persecución de Herodes; y en seguida se levantó y partió para llevarlo allá, con la Virgen Santa, su madre 3.

Después de la muerte de Herodes, Dios le comunicó que volviera a Judea; y volvió allá sin demora 4.

¡Ah!, ¡cuán admirable es esta pronta y sencilla obediencia en este gran santo, que no difirió ni un instante la ejecución de lo que Dios deseaba de él!
¿Tomáis tan a pechos como este santo el cumplir la voluntad de Dios? Si queréis que Dios os conceda abundantes gracias, para vosotros y para la educación cristiana de los niños cuya tutela y dirección tenéis, debéis imitar a este santo en su amor y en su fidelidad a la obediencia; entre todas las virtudes, es la que más os conviene en vuestro estado y empleo, y la que más gracia os atraerá.

 

Punto III.

El Evangelio nos hace admirar, además, en san José, el cuidado que tenía del Santísimo Niño Jesús, en la prontitud con que lo condujo a Egipto 5, en cuanto recibió el aviso de parte de Dios; en las precauciones que tomó al regreso, para no llevarlo a Judea, por temor de Arquelao, que reinaba allí en sustitución de su padre Herodes 6;  y  en  la pena que  experimentó de  haberlo perdido, al regreso  de  Jerusalén,  como  lo  atestigua  la  Santísima  Virgen  con  estas apalabras: Tu padre y yo, muy preocupados por ti y llenos de aflicción, te hemos estado buscando 7.

Dos cosas suscitaban en san José tan singular solicitud para con Jesús, a saber: el encargo que le había hecho el Padre Eterno y el tierno amor que profesaba a Jesús.

Vosotros debéis poner tanta diligencia y cariño en que los niños cuya dirección tenéis conserven o recuperen la inocencia, y en alejar de ellos cuanto pueda perjudicar su educación o impedirles que alcancen la piedad, como tuvo san José por todo lo que podía contribuir al bien del Niño Jesús; ya que estáis encargados de estos niños por parte de Dios, como lo estaba san José del Salvador del mundo.

Ése es también el primer cuidado que debéis tener en vuestro empleo, si deseáis imitar a san José, que nada tenía más a pechos que atender las necesidades del Niño Jesús.

 


MF 110,1,1: 1 Mt 1,19. – 2 Cf. Mt 1,20-24. – MF 110,2,1: 3 Mt 2,13-14. – 4 Mt 2,19-21. – MF 110,3,1: 5 Mt 2,14. – 6 Mt 2,22. – 7 Lc 2,48.

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