Reconocimiento al De Merode como ‘Casa di Vita’ durante la persecución nazi.

Reconocimiento al De Merode como ‘Casa di Vita’ durante la persecución nazi.

“Refugio para los inocentes perseguidos por los nazis”, el colegio De Merode es “casa de vida, como homenaje a cuantos allí sustentaron los valores de la solidaridad y del valor cívico”. Así lo manifiesta, desde ayer, la placa recibida de la Fundación Wallenberg, que en dos años ha identificado 300 de ellas en Europa.

Una memoria preciosa, una fuerte llamada de atención para los muchachos que numerosos presenciaron la ceremonia. Unas cuarenta personas salvadas en el colegio: muchachos escondidos entre los estudiantes y también entre los adultos, ocultos bajo el hábito religioso. Lo recuerdan los testigos: Gianni Polgar, que entonces contaba con 7 años: “Fui salvado junto con mi hermano a finales de octubre de 1943. Me cambiaron el nombre. Una vez a la semana en el recibidor, me encontraba con Zia Anneta, así era como debía llamar a mi madre. Para mimetizarnos mejor, los Hermanos organizaron primeras comuniones y confirmaciones”.

El agradecimiento, junto con el compromiso firme para obtener el reconocimiento hacia el Instituto “por haber permitido a un niño vivir con normalidad un periodo trágico”. “Mi hermano no recordaba su falso nombre” recuerda Fasto Zabban, otro refugiado, compañero de clase, “y el verdadero no podía decirlo”.

Un heroísmo cotidiano que surge de la lectura de los textos de Dennis Walters, escondido en el colegio son su padre bajo un falso nombre: el temor a los registros, la prudencia y la grandeza de ánimo de la comunidad y del entonces director Hermano Sigismondo Barbano, recordado por sus dos hijos tras haber abandonado a congregación.

“La importancia de conservar la memoria” ha recordado Ruth Dureghello, presidente de la Comunidad Hebraica de Roma “para ser conscientes de que el peligro de la indiferencia, de la búsqueda de un chivo expiatorio puede retornar”. “Tomemos partido por los más débiles e indefensos”, exhortó el director Hermano Alessandro Cacciotti. “Ojalá que su testimonio pueda inspirarnos a todos nosotros a ser instrumentos de paz”, concluyó en Hermano Robert Schieler, Superior General de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Laura Galimberti
AVVENIRE, 15 de febrero
www.lasalleitalia.net

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