Estados Unidos – Bronx: alumnos lasalianos de Roma en viaje de “estudio” entre ancianos y niños

Estados Unidos – Bronx: alumnos lasalianos de Roma en viaje de “estudio” entre ancianos y niños

Se trató de un viaje para descubrir el mundo lasaliano de los Estados Unidos, pero también de “un proceso formativo, vocacional y de educación para la justicia,” dice Andrea Sicignano, docente del Instituto De Merode de Roma (Italia). Esta propuesta formativa, en su cuarta edición, ha mantenido una serie de actividades fijas:

Visita a la casa de los hermanos de Bedford Park, una comunidad mixta de hermanos y jóvenes laicos del movimiento Voluntarios Lasalianos que fue fundado hace años. “Es un encuentro fundamental que lleva a los jóvenes a descubrir inmediatamente la dimensión global de la experiencia lasaliana. Constituye el punto de partida del itinerario, pero también, en mi opinión, es el punto de llegada: vivir en fraternidad, poniéndose al servicio de los demás”.

Visita a la Isla de Ellis desde el Manhattan College, universidad lasaliana de Nueva York, sede del grupo durante todo el recorrido. “Visita al Museo Nacional de la Inmigración, después de cruzar la ciudad y entrar en relación con la historia de la inmigración italiana. El museo presenta los viajes de la esperanza de nuestros compatriotas italianos, que a menudo tenían consecuencias trágicas”.

Servicio a los ancianos en una institución que está al lado del Manhattan College. Participaron 14 chicos del Instituto De Merode, con edades comprendidas entre los 14 y los 17 años. “Vi jóvenes llenos de ternura, capaces de brindar delicadas atenciones, listos para ofrecer su participación. Dedicamos tres mañanas a tocar música, cantar, bailar, escuchar y hablar. Sobre todo, conocimos a estas personas. Muchos de los ancianos habían inmigrado de jóvenes; otros nos contaron la historia de los Estados Unidos a través de su propia historia”. Francesco, de 17 años, dijo que descubrió “algo esencial: el dar cariño incondicionalmente a tus seres queridos, a quienes están a tu lado, tratando de conocerlos mejor”. Gemma nos contó que “uno de los últimos días del viaje, un vagabundo me dijo, mirando al cielo, que estaba agradecido por lo que tenía. Me hizo comprender mi ingratitud”.

Servicio a los niños de la Concourse House del Bronx: “es una casa protegida”, explica Eleanor Munaretto, exalumna del De Merode (que ahora está a cargo, junto con Sicignano, del movimiento juvenil lasaliano del Instituto) “donde las mujeres, cuyos niños han sufrido violencia por parte de sus compañeros, pueden refugiarse, tener un apartamento sobrio, trabajar y mandar a sus hijos a la escuela. Conversamos con ellas y les contamos algo de nuestra cultura, organizamos clases de cocina, hicimos algunas excursiones y este año – gracias al apoyo financiero del ‘Día del Corazón’ (Giornata del Cuore), una campaña promovida por el De Merode de Roma – vimos Aladino, un musical de Broadway. No viven demasiado lejos de Time Square, pero son parte de la ‘periferia’ que normalmente nunca conseguiría entrar en un teatro como este”.

También hubo espacio para la cultura, “para aprender a pensar y comprender el mundo que nos rodea. Todas las tardes, después de las actividades de servicio, visitamos un museo o un aspecto particular de la ciudad”.

La reunión de la noche fue el centro de la experiencia y nos permitió “reflexionar en comunidad sobre cada jornada que vivíamos juntos – dice Sicignano – para formar una comunidad de jóvenes que sean líderes en nuestra escuela, en cuanto al servicio a los pobres y la educación para justicia”.

Después de la primera semana, participamos en la Convención, que este año tuvo lugar en el DENA (District of Eastern North America), junto con otros cien chicos de la misma edad provenientes de las escuelas lasalianas del distrito: Nueva York, Búfalo, Filadelfia y Washington. También en este caso dedicamos la mañana al servicio de los pobres, la tarde al compartir y la noche a la comunidad. Los chicos compartieron con sus coetáneos, hablaron inglés, conocieron nuevas personas y se dieron a conocer. “Aprendí a estar en grupo con mis compañeros, apreciando las diferentes cualidades de cada uno”, nos dijo Rosanna. “Después de este encuentro llevo conmigo – comentó Livio – el trabajo compartido, el entrar a formar parte de algo y hacerlo con una sonrisa, con el deseo de hacer algo junto a otros estudiantes de mi escuela”. Y Flavia añadió: “ahora sé que soy parte de una gran familia”.

Y ya está en vista la experiencia del 2018, que será “además de una oportunidad de estudio, un viaje de servicio – dijo Sicignano a modo de conclusión – para formar nuevos líderes, nuevas comunidades y nueva justicia; una experiencia que en el futuro nos gustaría ampliar para incluir a chicos de otras realidades”.

Texto adaptado del original de Laura Galimberti (lasalleitalia.net).

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