La ‘Escuela-estación’ – Una escuela infantil lasaliana para niños romaníes

La ‘Escuela-estación’ – Una escuela infantil lasaliana para niños romaníes

Era una mañana fría y húmeda cuando crucé por primera vez el umbral de la “Escuela-estación” en la estación de tren de Giugliano-Qualiano.

En ruta en el autobús, conversábamos entre nosotros. Algunos estaban emocionados y felices, otros inquietos, algunos mostraban cierto temor. Llegamos temprano y comenzamos a organizar los muebles, una colección desordenada que contrastaba con los muebles robustos de color crema que acababa de dejar atrás en Roma.

Todo era diferente de lo que nos era familiar, pero era una escuela. Tenía todo: pizarra y tiza, dos maestros calificados, cuadernos de ejercicios, bolígrafos, lápices de colores y lecciones para aprender.

Y estábamos allí como “invitados especiales”.

Todo estaba listo; solo faltaban los alumnos. Nuestros “adorables alumnos” serían unos cincuenta niños del campamento romaní de Giugliano. Entonces aparecieron, todos alegres y felices, llenos de vida, despreocupados por la lluvia y el frío, por la ropa que llevaban puesta o por el pensamiento de las dificultades que tendrían que enfrentar en su proceso de aprendizaje. Su alegría nos motivaba, cansados ​​pero decididos a aprender. Fue una experiencia nueva para todos nosotros.

Normalmente, nos cuesta ir diariamente a la escuela, solo nos impulsa la palabra de nuestros padres, más que nuestros propios pies, y estamos impacientes a que suene la campana para poder finalmente ir a casa y sumergirnos en las vidas que estamos comprometidos a vivir por nuestra propia elección.

Estos niños nos demostraron con su maravillosa sencillez que la educación es el medio más poderoso para cambiar el mundo.

“La Escuela-Estación” nos da la oportunidad de hacerlo.

Bissera, Bruno, Giacomo, Merlino, todos los demás niños y todos nosotros somos ciudadanos de este mundo, y todos merecemos recibir los medios que nos permitan aprender.

“La Escuela-Estación” no es solo un lugar; es una comunidad de corazones dedicada a enseñar a aquellos que han sido olvidados.

Todos somos parte de este maravilloso mosaico de ciudadanos, en el que el amor es el único Maestro. En la “Escuela-Estación”, los “adorables niños” me enseñaron que cuando somos guiados por la fe, realmente vemos el mundo desde una perspectiva diferente.

El Hermano Raffaele y sus compañeros de trabajo representan para nosotros los pilares que respaldan la red lasaliana día tras día.

Estos niños son como yo.

Son alumnos lasalianos, y eso es gracias a la “Escuela-Estación”.

A todos nos une la esperanza que representa esta nueva y hermosa oportunidad, y somos parte de una marca más grande en forma de estrella. Todos tenemos fe en esa estrella, que nos muestra el camino correcto en tiempos de desconcierto y nos recuerda lo importante que es conocer a nuestro prójimo y tener la capacidad de amarlo.

Rosalia Anna D’Agostino

 

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