Un nuevo santo amigo de los “Hermanos”: San Paolo VI

Un nuevo santo amigo de los “Hermanos”: San Paolo VI

A 40 años de distancia de su muerte (1978 – 2018), Pablo VI será proclamado santo el próximo 14 de octubre por el Papa Francisco.

Pablo VI es particularmente estimado por los Hermanos por una serie de circunstancias que lo vinculan con nuestra familia religiosa. La amistad con los Hermanos tuvo sus inicios en la segunda mitad de los años 20 del siglo XX: colaboraba con el Hno. Alessandro Alessandrini en la organización de los Pequeños Retiros de los jóvenes católicos, en los cuales participaban también los jóvenes de la FUCI (Federación Universitaria Católica Italiana), cuyo asistente eclesiástico era Montini. Los encuentros tenían lugar en San Pablo Extramuros y con frecuencia intervenían también Dom Ildefonso Schuster, abad de San Pablo y el cardenal vicario de Roma Basilio Pompili con exposiciones formativas, con frecuencia organizadas por monseñor G.B. Montini.

Otras circunstancias: como participaciones, conocimiento y estima recíproca los recordó él mismo con ocasión de la histórica visita que, ya Papa, hizo al Instituto Pío IX del Aventino el 3 de marzo de 1965: “Durante 4 años, es decir desde 1928 hasta 1932, yo viví a dos pasos de aquí, en la calle de las Termas de Diocleciano n.º 10, en el segundo piso; y la Santa Misa, la celebraba aquí cerca, en S. Prisca todas las mañanas. Con motivo de alguna fiesta, alguna ceremonia particular y algún que otro domingo, venía a celebrar la Santa Misa a vuestra capilla. Allí predicaba. Estaba entonces el Hermano Ugo, que era no un maestro, sino un mago, porque de las voces de vuestros compañeros de aquel entonces, obtenía efectos musicales maravillosos, que podrían figurar en los primeros teatros del mundo […]. Por eso me siento muy agradecido al Instituto que me enriqueció con aquellas hermosas impresiones, con estos buenos recuerdos”.

Dirigiéndose directamente a los Hermanos añadía: “El Vicario de Jesucristo quiere, con su saludo y su bendición, confortar a estos beneméritos y estimados religiosos en su vocación providencial y difícil, porque exige tantos sacrificios cada día y a cualquier hora. Sabed que la Iglesia os ama, os estima; aprecia la importancia de vuestro sacrificio y de vuestra generosidad: perseverad, pues, en este camino real del servicio a Dios y a la Iglesia”.

Entre las muchas circunstancias en las que Pablo VI tuvo ocasión de hablar públicamente de los Hermanos, manifestando toda su admiración y su estima, citamos las siguientes:

8 de junio de 1966. Recibe en Audiencia a los miembros del Capítulo General. Y entre muchos otras cosas, les dice:

“[…] Vosotros sois, queridos Hermanos, especialistas altamente cualificados – casi nos atreveríamos a decir expertos – de la educación cristiana. La Iglesia os agradece los grandes servicios que le prestáis. Pero la misma estima que os tiene, la impulsa a esperar en estos días posteriores al Concilio, que vosotros seáis los más solícitos en estudiar, asimilar y poner en práctica la Declaración Conciliar ‘Gravissimum educationis momentum’, solemnemente promulgada por Nos el 28 de octubre de 1965. […].

12 de agosto de 1970: Durante la audiencia general, dirigiéndose a los Hermanos del primer Centro Regional Lasaliano Italiano (CRIL) dice:

“Mi primer saludo va al grupo de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que se encuentran aquí cerca en Albano Laziale, para un curso de espiritualidad. […] No hay necesidad de que hagamos elogio de vuestra misión escolar, porque vosotros estáis más convencidos que Nos. Mirad que es grande, que es moderna, mirad que es providencial, mirad que os exige tantos y tantos sacrificios. Parecería que tener que hacer de maestro sea la cosa más sencilla de este mundo… Pero aquel que quiere hacerlo con el espíritu de S.J.B. de La Salle, debe trabajar sobre sí mismo. Debe ser el maestro no solo de los otros, sino ser el maestro de sí mismo y, en otras palabras, debe tener una espiritualidad que le enriquezca, le haga capaz de dar a la escuela el valor de una misión. […]”.

18 de agosto de 1971: Al año siguiente, en Castel Gandolfo, a los Hermanos del 2º Centro Regional Lasaliano Italiano les decía:

“[…] Sois personas que habéis hecho de la enseñanza vuestra misión; os habéis consagrado a la escuela, habéis dejado todo, incluso el sacerdocio, habéis preferido permanecer Hermanos laicos, aunque consagrados al Señor, para no tener ninguna otra cosa que hacer más que entregaros a la juventud, a los niños y enseñarles, introducirlos en el saber y en el arte de vivir cristianamente. ¡Eso es algo grande, grandísimo! Os agradecemos por esta aportación que hacéis a la educación cristiana. Admiramos vuestra inmolación, os deseamos que se incrementen vuestras vocaciones…  ¡Que Dios os bendiga a todos!”.

8 de agosto de 1972: Nuevamente a los Hermanos del tercer Centro Regional Lasaliano Italiano:

“[…] Queridos Hermanos: os llaman “Carísimos” por antonomasia, y está bien. Quiero que sepáis hasta qué punto sois verdaderamente queridos y lo muy amigo que somos de vuestro Instituto y cuánta estima y cuántos deseos y propósitos y esperanzas tenemos sobre vuestra fidelidad a esta tradición escolar que vosotros personificáis. Sed todos bendecidos y verdaderamente confirmados en vuestra tan humilde… vocación, pero tan grande, tan hermosa, tan moderna, tan viva, tan necesaria para la Iglesia”.

18 de julio de 1973: Exhortación del Santo Padre a los Hermanos Italianos:

“[…] El Papa sabe todo el bien que hacéis, todo aquello que realizáis en la Iglesia y por eso os recibimos con gran consideración, con gran agradecimiento y los más fervientes deseos para vuestra obra. […] ¡Sed fieles a la Iglesia y a vuestra vocación!”.

Pablo VI fue un pontífice quizás menos popular que su predecesor Juan XXIII y que su sucesor Juan Pablo II, pero ahora se une a ellos en el esplendor de la gloria de los santos.

En relación con este gran Papa, recientemente, el Papa Francisco ha afirmado: “de este valiente cristiano, de este incansable apóstol, ante Dios no podemos más que decir una palabra tan sencilla como sincera e importante: ¡Gracias!”.

 

 

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