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Frère Nicet-Joseph,
Pierre-Paul Loubet
Nacido: 1898
Superiore: 1956 - 1966
Muerto: 25 Septiembre 1999 |
Palabras del Hermano Superior
30 Septiembre, 1999
Athis-Mons, France |
Rendimos homenaje hoy a un extraordinario Hermano de las Escuelas Cristianas, un hombre que contribuyó de modo excepcional a la vida y misión de nuestro Instituto a nivel internacional, primero como Director del Segundo Noviciado, después como Superior General. Doy gracias al Señor por el honor que me cabe de estar hoy presente como representante de nuestros Hermanos de todo el mundo.
Hace muy poco tiempo, en febrero del año 1998, tuve la alegría de participar con el Hermano Nicet - y con muchos de ustedes - en la celebración de su centenario. El hecho central de ese gran acontecimiento fue, yo creo, el hermoso discurso que el Hermano Nicet pronunció con lucidez, alegría y entusiasmo - ¡y sin gafas ni micrófono! Seguramente el Hermano Michel Dumont, Director, le ayudó a redactarlo - pero todas las palabras del mismo eran del Hermano Nicet. Cuando escuchamos - con asombro - recordamos otras ocasiones en las que había expresado los mismos pensamientos y sentimientos de manera similar. Es una bendición el poseer un video con ese discurso.
Muchos de nosotros hemos recordado en nuestras intervenciones en público que el Hermano Nicet-Joseph fue elegido Superior vitalicio en 1956 -¡hace cuarenta y tres años! Pero el Capítulo General de 1966 aceptó su deseo de dimitir al cabo de diez años. ¡Eso ocurrió hace treinta y tres años! Yo tenía entonces sólo treinta y tres años. A aquellos de ustedes que conocieron al Hermano Nicet mucho mejor que yo, les dejo el agradable deber de hablar de él de una manera más detallada. Yo me limito a unos pocos comentarios muy personales, algunos de los cuales los he hecho con ocasión de la celebración del centenario de su nacimiento.
Debido a que las visitas pastorales del Superior General eran mucho menos frecuentes entonces que ahora, el Hermano Nicet-Joseph no visitó los distritos de Estados Unidos durante los 10 años de su mandato. Sin embargo, tuve el gran privilegio de encontrarme con él en Roma durante mi segundo noviciado en 1963-1964. Observándole en la capilla principal, en los pasillos y ocasionalmente en el comedor, llegué a la conclusión de que era un Hermano de las Escuelas Cristianas sereno, reservado, muy espiritual y muy ascético.
Nos recibió a todos en entrevista personal. Este encuentro confirmó mis anteriores impresiones, pero me reveló otras facetas de su personalidad. Me sorprendió y como es normal me agradó que hablara conmigo con gran fluidez en mi propia lengua. Había pasado tres años cuando era Hermano joven en Estados Unidos; el último de los tres fue el año de mi nacimiento. Sus vivos recuerdos de aquella experiencia me fascinaron. Su gran conocimiento de los Hermanos de mi distrito que habían sido sus segundos novicios me revelaron su interés profundo y cariñoso por su bienestar.
Mi siguiente contacto con él fue durante el Capítulo General de 1976. Ocupaba un pupitre detrás del mío, lo que hacía posible que entabláramos conversaciones informales de vez en cuando. Le encontré afectuoso y simpático. Salió de su sitio después del discurso que pronuncié en el Capítulo, para felicitarme, y para desearme lo mejor cuando fui elegido Vicario General.
Diez años más tarde, inmediatamente después de mi elección como Superior General, el Hermano Nicet, que no estaba en condiciones de asistir al Capítulo, me mandó una carta escrita a mano, breve pero muy personal. Me escribió otras cartas, varias veces expresándome su estima por mis cartas pastorales. Siempre hacía mención a sus más fervientes oraciones por el Instituto y por mí. No es necesario decir, que encontré esta atención deferente, muy alentadora y de mucha ayuda.
En una de mis primeras actividades como Superior General, participé en la Asamblea Regional Francesa en Lorient en Julio de 1986. Durante una corta estancia en Rue de Sèvres antes de salir para Roma, el Hermano Nicet-Joseph vino desde Athis-Mons para saludarme personalmente. Me impresionó profundamente ese acto de amabilidad.
Cuando recibimos la aprobación de nuestra nueva Regla a principios de 1987, poniendo fin a un proceso de 30 años que empezó durante el período del Hermano Nicet-Joseph como Superior, le llamé por teléfono inmediatamente. Debido a sus problemas de audición, la comunicación no fue fácil. Sin embargo, con la ayuda del Director de la comunidad, consiguió entender el mensaje. Me escribió una carta en la que expresaba su aprecio del nuevo texto, junto con su esperanza de que fuera un instrumento eficaz de renovación.
Aunque le invitamos en firme a venir a Roma después de 1976 - para Capítulos Generales, beatificaciones, y canonizaciones - siempre respondió, con agradecimiento y respeto, que se le excusara. Sin embargo le vi cuando visité Athis-Mons durante mi visita pastoral a la Región de Francia hace siete años. Con su hábito religioso, me dio la bienvenida e insistió en hablar conmigo en inglés. Pude decirle que los Hermanos de todo el Instituto, especialmente sus segundos novicios, preguntaban frecuentemente por él. En efecto, los Hermanos han continuado interesándose por el Hermano Nicet-Joseph y muestran alegría cuando se les informa de su edad y de su buena salud. El Hermano Nicet pudo asistir a mi reunión con los Hermanos de la comunidad en Athis-Mons, pero reconozco que debido a su dificultad de audición, entendió muy poco de cuanto se dijo.
Visité otra vez al Hermano Nicet el 16 de abril de 1997. Aunque su sordera hacía la conversación un poco difícil, le encontré muy lúcido y animado. Quedé admirado al ver que podía leer en voz alta - en perfecto inglés - una tarjeta que acababa de recibir de un Hermano de Irlanda. ¡Me hizo mucha gracia cuando vaciló sobre una palabra y señaló que la escritura del Hermano no era muy buena! Quedé encantado al descubrir que podía moverse por la casa con su carrito. Tengo una fotografía preciosa de nuestro encuentro en esa ocasión.
Luego hubo dos celebraciones de su cumpleaños durante la segunda semana de febrero de 1998, la primera, para los Hermanos de su comunidad, familiares, amigos personales y autoridades; la segunda, para los Hermanos del Distrito de Francia. Pedí al Hermano Nicet que continuara orando fervientemente por el Instituto, y de manera particular, por las vocaciones. Sé que el Hermano Nicet intercede incesantemente por la familia religiosa que tanto amó y a la que sirvió tan fielmente.
Descanse en paz. |
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