El sello de nuestro Instituto
3 Novembre 2000

Boletín del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, N1 148, enero de 1957.
El sello de nuestro Instituto, que emana del Capítulo general de 1751, representa una estrella de plata sobre un escudo azul con la sencilla divisa Signum Fidei. No tiene ninguna relación con el origen de la expresión «Nuestra Señora de la Estrella».

Como lo explicó con gran claridad la Circular 354, los orígenes del santuario de Nuestra Señora de la Estrella, en Montebourg, se pierden en la leyenda. Pero, a propósito de la adopción de esa expresión por nuestro Instituto, la 6ª Comisión capitular de 1956 hizo esta juiciosa observación: «El sello primitivo del Instituto, su escudo si se quiere, durante la vida de nuestro santo Fundador, representaba un Niño Jesús de 9 a 10 años, de edad escolar, de pie entre María y José. La estrella, con la inscripción Signum Fidei, se adoptó más tarde en un Capítulo General».

Esta observación bastaría para justificar algunas notas documentales en el tema del sello de nuestro Instituto; pero el mismo Capítulo General, en la sesión de clausura, pidió «la vuelta a nuestro escudo tradicional con la única divisa Signum Fidei». Por consiguiente, sin entrar en las distinciones de vocabulario o de técnica (sello, blasón, escudo, emblema, armas, etc.), quizá sea interesante reunir algunos pormenores a propósito del sello de nuestro Instituto, de sus orígenes y de su historia, según una documentación debida al Servicio Fotográfico de los Archivos.

I. ANTES DEL CAPÍTULO DE 1751

1. En tiempos del santo Fundador


Gran parte de las cartas del santo Fundador, protegidas con un doble cristal y conservadas en los archivos de nuestro Instituto, llevan rasgos o fragmentos de sello. La marca aparece completa en dos obediencias de 1709 y 1711; en otro caso del año 1708, sólo se ven algunos rasgos1.

Unidos el uno al otro, los dos fragmentos de sello de una carta de 1704 permiten ver a san José, con un bastón de peregrino en la mano izquierda y llevando al Niño Jesús; el fragmento superior lleva la inscripción «Viva Jesús». El mismo sello reaparece en la parte baja de la obediencia de 1709, en la que el santo Fundador delega al Hermano José para hacer la visita de las casas de Guisa, Laon, Rethel y Troyes.

Una carta del 28 de octubre de 1705 conserva dos trozos de sello cuya huella lleva el monograma I H S, sin inscripción, pero coronado por una sencilla cruz2. Ese monograma se vuelve a encontrar en la obediencia de 1711, y en este caso le acompaña una cruz brillante y lo rodea la inscripción «Los Hermanos de las Escuelas Cristianas».

Otros fragmentos dejan ver letras entrelazadas o diversos adornos; pero ninguna de las huellas permite reconocer a un Niño Jesús «de pie entre María y José».

2. En tiempos del Hermano Bartolomé

Sólo tenemos cuatro cartas autógrafas del Hermano Bartolomé. Una sola, fechada el 18 de febrero de 1718, conserva dos fragmentos de sello en el que se ve la parte superior de las letras I H S, con la cruz brillante, como en la parte de abajo de la obediencia de 1711; no se encuentra ninguna señal de inscripción3.

3. Generalato del Hermano Timoteo


Las «Reglas y Constituciones de los Hermanos de las Escuelas Cristianas aprobadas por Nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XIII» se imprimieron en Ruán el año 1726. En una de sus últimas páginas, -más exactamente, al final de un «Extracto de la Bula» incluido en las páginas 120 y 121- uno de los ejemplares conservados en los Archivos lleva una ilustración de forma rectangular cuyo dibujo parece bastante mediocre. Está rodeada de la inscripción «Los Hermanos de las Escuelas Cristianas» y representa a san José, con un lirio en la mano, llevando al Niño Jesús. Este grabado se consideró una representación del «sello primitivo de la Congregación»4. Es verdad que está reproducido en la página de los títulos de las obras publicadas bajo la responsabilidad del Reverendísimo Hermano Timoteo, especialmente Los deberes del Cristiano (1727) y La Explicación del Método de Oración (1739). Pero, tal como atestiguan diversos documentos, el Hermano Superior disponía de un «sello» más elegante, para su uso personal.

El primero de estos documentos es la copia, hecha en 1726, de las páginas 23 a 28 del Registro capitular, donde el año precedente se anotaron: 1º el acta de recepción de la Bula de aprobación de nuestro Instituto, 2º la fórmula de emisión de votos de acuerdo con esta Bula, 3º la declaración relativa a la verificación de nuestras Reglas y Constituciones. Esta copia, de la que ignoramos el destino, se prolonga con una declaración llevando todos los requisitos:

Nosotros, el abajo firmante Superior General de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y otros oficiales de la Casa de San Yon, certificamos, a todos los que corresponda, que el acta presente se ajusta al original, en fe de lo cual hemos firmado. Dado en San Yon, Ruán, el catorce de febrero de Mil Setecientos Veintiséis»5.

Con toda evidencia, se trata de dar valor de autenticidad a una sencilla copia. No sólo la declaración final va respaldada de ocho firmas, sino que va acompañada de un sello de cera roja de forma ovalada (20 por 21 mm 1-2), con la inscripción «Los Hermanos de las Escuelas Cristianas»; aparece en él san José, con un lirio en la mano izquierda y con la derecha llevando al Niño Jesús.

Y esta figura reaparece, exactamente igual, en dos documentos autógrafos del Rvdmo. Hno. Timoteo: 1º, en 1736, una carta dirigida al Sr. Miroy, abogado de Rethel en Campaña6; 2º, en 1742, declaración de su propia curación -de un «violento quiste en la rodilla»- en el año 1702, después de la bendición del Sr. de La Salle7; sobre el ejemplar, se ve que el Niño Jesús tiene un bastón en la mano derecha; pero sin lugar a dudas, este sello del Hermano Superior es el «Sello de la orden» del que se ocupará el Capítulo General de 1751.

II. SIGNUM FIDEI

En su cuarta sesión y el quinto día del mes de agosto, el Capítulo General de 1751 tuvo que ocuparse del Sello de nuestro Instituto, tal como se lee en la página 53 del primer registro capitular, el Registro A de nuestros archivos:

Se ha hecho observar, dice el acta, que varios hermanos Directores han hecho fabricar sellos semejantes al Sello de la Orden, que no debe estar más que entre las manos de nuestro Reverendísimo Superior General; en esto se ha decidido por unanimidad que dicho Sello será en adelante una Estrella brillante de plata, sobre un escudo azul con esta leyenda, Signum Fidei, siendo muy terminantemente prohibido a todos los directores hacer otros semejantes.

Sin embargo, el Capítulo General de 1777 tuvo que recordar vivamente esta prohibición, puesto que entre otros artículos, el Registro capitular nos conservó este número 65: «Que ningún Director pueda hacer ni servirse de sello semejante al de la Congregación, que es una estrella brillante de plata sobre un escudo azul con esta leyenda: Signum Fidei».

Algunos años más tarde, el Rvdmo. Hermano Agatón visita la casa de San Yon y toma medidas con este propósito «de lo que quedó del Sr. de La Salle, nuestro Institutor, o de lo que le sirvió»; redacta un escrito que termina con esta declaración:

«En fe de lo cual hemos firmado la presente prohibición, la hemos hecho refrendar por el Hermano que nos hace de secretario, y hemos puesto el Sello del Instituto; y a fin de que nadie lo ignore, lo hemos hecho pegar al interior de la puerta del citado despacho y transcrito en el libro de la administración de esta Casa. Dado en San Yon, donde estamos de visita, el cuatro de junio de mil setecientos ochenta y cuatro».

El documento prohibitivo lleva pues un sello de cera roja, de forma ovalada (20 por 21mm 1-2), que es la huella del sello del Instituto. Esta misma huella reaparece en las obediencias firmadas por el Rvdmo. Hermano Agatón; algunas veces lo remplaza un adhesivo en forma de sello, de estas dimensiones: 29 1-2 por 34 1-2 mm. Por otro lado, las fórmulas de la obediencia están impresas y presentan una ilustración cuyo dibujo reproduce los trazos y la inscripción del sello del Instituto. Otra ilustración figura en la página del título de algunos libros y fascículos editados en Ruán en 1787: Reglas y Constituciones, Tratado de Aritmética para el uso de Escolares y Pensionistas de las Escuelas Cristianas, Decisiones del Capítulo General, etc.

Un documento de nuestros archivos, con fecha del 30 de mayo de 1804, lleva la marca del sello de nuestro Instituto. Es un autógrafo del Hermano Vivien, a propósito de un cuadro para la capilla de nuestra casa de Reims. Redactado en papel sellado, el documento tiene un interés importantísimo puesto que su origen es anterior a la vuelta del Hermano Frumence, Vicario General. Sería pues el Hermano Vivien quien, durante los años de la Revolución, habría conservado precisamente el Sello de nuestro Instituto.

Después de la restauración, la edición de la Colección hecha en Lyón en 1811 reproduce el grabado «Signum Fidei», en la página del título. Las Circulares de los Superiores llevan la misma ilustración, a partir del 29 de diciembre de 1822, el dibujo se ve igualmente en la primera página de los «libros o publicaciones del Instituto»: Reglas y Constituciones, Meditaciones, etc. Ilustraciones análogas se encuentran al comienzo de manuales o publicaciones escolares: «Salterio incluyendo el Oficio de la Iglesia, para el uso de las Escuelas Cristianas», Lyón, 1827; «Nuevo tratado de Aritmética decimal, para el uso de las Escuelas Cristianas», París, 1830; «Trattato elementare di Aritmetica», Roma, 1846; Turín, 1848. Pero en cuanto al tema de todo lo que los Directores podrían editar, el Capítulo General de 1844 terminaba así una de sus decisiones: «Queda terminantemente prohibido copiar el sello del Instituto; sólo el Régimen puede usarlo».

Así, hacia la mitad del siglo XIX, se renovaba una decisión del año 1751. El Sello del Instituto era para uso exclusivo del Régimen. La estrella brillante de plata y el Signum Fidei, tanto por su origen como por su simbolismo, iba a interesar a los investigadores.

En 1833, en el segundo tomo de los Anales y a propósito del Capítulo General de 1751, el Hermano Lucard escribía:

«El Régimen en esta época no tenía todavía Sello especial; todas las comunidades se habían apropiado aquel que utilizaba, y que representaba a la sagrada familia con esta inscripción: Los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

El Capítulo general decidió que en adelante el Sello del Instituto sería una estrella brillante de plata sobre un escudo azul, con esta leyenda recordando la virtud fundamental de la que el venerable de La Salle quiere que sus discípulos tomen el espíritu que debe animarles: Signum Fidei; el uso fue exclusivamente reservado al Superior General y a sus Asistentes».

De esta forma, el autor de los Anales habría acreditado una opinión que se mantuvo mucho tiempo. Pero en 1928, el Hermano Procurador General Alexis-François respondía a una pregunta del Hermano Donat-Charles:

«El Instituto tenía ciertamente un Sello antes de 1751. En efecto, he aquí lo que se lee en el libro capitular, 5ª sesión del Capítulo de 1751: -El Hermano Procurador transcribe el texto citado anteriormente y añade- ... ya existía pues un Sello, y el texto de la decisión parece indicar que era diferente del que se adoptaba. Pero no tengo ningún dato en este asunto, y no sé qué motivos han hecho adoptar el Signum Fidei.

Sin duda, es en la misma época que el Hermano Donat-Charles redactó la inscripción que hoy acompaña un documento de nuestros archivos, la carta del Hermano Timoteo a su abogado de Rethel en 1736: Carta del Hermano Timoteo, Superior General, acompañada del primer Sello del Instituto, en cera roja con la inscripción: Los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Este sello representa a san José dando una mano al Niño Jesús, y en la otra llevando un lirio. En 1751, el Capítulo General lo substituyó por una estrella brillante de plata sobre un escudo azul, con esta inscripción Signum Fidei.

Algunos años más tarde, el mismo Sr. Rigault escribía, a propósito del Capítulo de 1751:

A este Capítulo se une también una iniciativa que interesa a la historia y la iconografía del Instituto. El antiguo sello que daba autenticidad a cierto número de documentos oficiales, representaba a san José y al Niño Jesús, con estas palabras: Los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Las comunidades habían tomado la costumbre de servirse de él, siguiendo el ejemplo de la Casa Madre. Se declaró que «el Sello del Instituto sería una estrella brillante de plata sobre un escudo azul», acompañado de la divisa: Signum Fidei. (Se recordaba con este «signo», que «el espíritu de fe» es la virtud fundamental de la Congregación). Se prohibió expresamente a todos los directores hacer otros semejantes, este Sello debía estar exclusivamente a disposición del Régimen.

En 1938, en el segundo tomo de nuestra Historia General, esta puesta a punto asociaba el tema a un conjunto más amplio, «la historia iconográfica del Instituto». No deja pues de tener su interés, la reproducción de algunas ilustraciones que, desde 1822, se encuentran en las Circulares de los Superiores Generales.

III. EL ESCUDO DEL INSTITUTO

El «Boletín de las Escuelas Cristianas» retomó vida a principios del año 1947. Tanto en los pormenores como en las grandes orientaciones, se hace un deber, un honor y un placer, documentar a sus lectores. Además, el apartado «correspondencia» le permite intercambiar puntos de vista, varios de los cuales se refieren al Escudo del Instituto.

En abril de 1949, a su corresponsal preocupado por la lectura de nuestro escudo, el «Boletín» responde con estas líneas:

«Muy probablemente, el Capítulo General de 1751 no se preocupaba del lenguaje heráldico. He aquí cómo hay que leer nuestro escudo, al estilo de un blasón: ...

En francés: D´azur à l´étoile rayonnante d´argent avec cette devise: Signum Fidei.
En italiano: D´azzurro alla stella raggiante d´argento.
En latín: Argenteum flammans sydus in scuto coeruleo.

Se ve en qué error caen aquellos que representan nuestro escudo como un blasón vacío de todo tipo de líneas, lo cual significa plata, y una estrella llena de rayas horizontales, lo cual significa azul.

¿Existía un Sello del Instituto, antes de la decisión del Capítulo General de 1751? Para responder a esta cuestión de un lector, el «Boletín» de abril de 1951 presenta «algunas fotografías reproduciendo documentos de archivos»: en efecto, tres de las cinco fotografías presentan sencillas ilustraciones, las dos primeras realizadas según un dibujo.

En la misma página del «Boletín», se alude dos veces al asunto de las «armas» del Instituto:

El Lector: A propósito del escudo del Instituto, me permito hacer la observación siguiente: el «grito del escudo» particular de una familia, se pone encima del escudo y la divisa debajo. Por consiguiente, el «sigillum» del Instituto, así como el blasón que adorna la tapa del «Boletín», no siguen esta regla, puesto que ponen la divisa encima.

El «Boletín»: Su observación es muy correcta; la divisa se pone en una moldura debajo del escudo. Y lo hacemos constar. Pero, ¿no se podría decir que Signum Fidei es, no una divisa, sino un grito de guerra como sería Signum Crucis, el signo de la cruz?. Una buena divisa para nuestro escudosería la de los La Salle de Reims: Indivisa manent, lo cual se ajustaría bien a los Hijos de San Juan Bautista de La Salle, esparcidos por los cinco continentes. Se pondría debajo. Pero no corresponde al «Boletín» decidir esta cuestión.

Cuestión delicada, en efecto. Pero mientras el «Boletín» y sus corresponsales intercambiaban sus puntos de vista a propósito de nuestro escudo, el Sello del Instituto se volvía a emplear en la Casa Generalicia. En adelante, el escudo tradicional se hacía rodear de una corona, que lleva esta inscripción: INSTITUTUM FRATRUM SCHOLARUM CHRISTIANARUM - CURIA GENERALIS - ROMA.

Sin embargo, después de las fiestas del Tricentenario, la Circular del 6 de enero de 1952 notifica y explica la anexión de una divisa al blasón de nuestro Instituto:

... Esta unión de espíritus y corazones que se manifestó tan acertadamente durante el Año lasaliano, durará, se fortificará cada vez más, a fin de que se realice plenamente en nuestro Instituto, tan diverso en los elementos que la componen, el gran deseo formulado por Nuestro Señor en su oración sacerdotal: «Padre Santo, guarda en tu nombre a los que me diste, para que sean uno como nosotros». Ahora bien, el emblema Indivisa Manent, que figura en el escudo de los antecesores de san Juan Bautista de La Salle, nos parece una expresiva llamada al buen entendimiento que debería constantemente reinar entre los miembros, aunque sean numerosos, de una misma familia, a fin de que aparezca siempre en ellos esta hermosa unidad querida por el Salvador para sus discípulos. Por esto, el Régimen acogió gustosamente la idea de introducir, en recuerdo de las solemnidades del Tricentenario, la divisa de la que hablamos, en el blasón del Instituto.

En el escudo azul, encima de la estrella con rayos dorados, se leen las dos palabras tan ricas de significado «Signum Fidei»; en adelante las otras dos, «Indivisa Manent» (¡Qué nada nos divida jamás! ¡Qué siempre permanezcamos unidos!), se escribirán debajo. Y así, nuestro escudo será todavía más significativo; nos dirá, que con el espíritu de fe que transforma nuestra humilde vocación, que debe estimular todos nuestros actos y conferirles valor sobrenatural, la perfecta unión de corazones y de voluntades debe unirnos fuertemente los unos con los otros, no importa cual sea nuestro país de origen, y entonces el Instituto formará un edificio sin grietas, capaz de resistir a todas las sacudidas, a todas las tempestades, porque sobre él las bendiciones de Dios, que siempre atrae la caridad fraterna, descenderán más abundantes.

Razón por la que la Circular 334 está puesta bajo la divisa del Signum Fidei, acompañada del emblema Indivisa Manent. La historia iconográfica del Instituto se enriqueció de nuevos documentos; y el «Boletín», cuya portada lleva el escudo con la doble sentencia, no tarda mucho tiempo en ser consultado una vez más por uno de sus lectores:

- El Instituto ha adoptado en su escudo la antigua divisa de los La Salle: «Indivisa Manent», es decir: Que siempre estén unidos. Pero, en el blasón de los La Salle, la divisa concuerda en femenino plural con las cosas que aparecen en el escudo. Para nosotros que tenemos una estrella como símbolo en nuestro escudo, ¿con qué concuerda el emblema Indivisa manent? ¿No le parece que tendría que concordar con los Hermanos del Instituto, puesto que es el significado que se le da?

- La objeción parece artificial y no resiste al estudio, responde el «Boletín».
1. Los escudos, para estar completos, no necesitan tener una divisa.
2. Cuando los acompaña una divisa, se pueden presentar dos casos:
a) La divisa concuerda con aquello que aparece en el escudo, como se da el caso en el escudo de la familia de La Salle.
b) La divisa no tiene ninguna relación con lo que aparece. Ejemplo: el escudo de Gran Bretaña, donde figuran leones y leopardos, acompañados de la divisa: «vergüenza para quien piense mal», que como puede verse, no tiene ninguna relación con el escudo...

La heráldica es una ciencia que tiene sus aficionados, sus expertos y sus leyes. La disputa, en el sentido etimológico de la palabra, no se prolongó entre el «Boletín» y sus lectores. Pero el Capítulo General de 1956, sin desconocer el valor simbólico del Indivisa Manent, pidió «la vuelta a nuestro blasón tradicional con la única divisa Signum Fidei».

Hno. Henri
Servicio de los Archivos

Notas

(1) Cartas de san Juan Bautista de La Salle, Edición crítica: Tres obediencias del Hermano José, 41a, 41b, 41c.

(2) Cartas: Nº 20, "No sé, mi queridísimo hermano, ..."

(3) Archivos, B E a: Carta al Señor Gabrieli Drolini, junto a los Capuchinos, en Roma.

(4) Georges RIGAULT: Historia general del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, II, 118. La aseveración se rectifica implícitamente algunas páginas más adelante (320): «El sello antiguo, que confirmaba la autenticidad de cierto número de documentos oficiales, representaba a san José y al Niño Jesús, con las palabras: Los Hermanos de las Escuelas Cristianas».

(5) Archivos S B a: No conocemos ninguna cosa precisa en cuanto al asunto desarrollado en esta carta. Reproducimos el texto como documento.

Señor:

He aquí el acta que pide, firmada por ocho de entre nosotros, aunque según nuestras Reglas únicamente el Superior del Instituto, junto con sus Asistentes, puede hacer toda clase de actas, delegar poderes, etc. Pero, para que nada quede omitido en lo que respecta a este asunto, también hemos hecho legalizar esta ratificación, aunque la que habíamos enviado precedentemente podía ser suficiente. Le ruego, Señor, que no desaproveche nada para terminar con este asunto; de este modo y con mucho respeto, Señor, le quedaré muy agradecido.
Su humildísimo y obedientísimo servidor,
(firma) Hermano Timoteo.
Ruán, a 7 de febrero de 1736.

(7) El autógrafo del Hermano Timoteo se reprodujo en el «Boletín» de julio de 1950, como ilustración del artículo: Hacia la «Gloria de Bernini» en el siglo XVIII.
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