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La oración de clausura.
Roma, 15 de junio de 2000 |
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Nosotros, Delegados del 43º Capítulo General, reunidos ante tu presencia, bendecimos tu nombre Santo porque una vez más hemos experimentado que Tú estás con nosotros, nos convocas, nos consagras y nos envías.
Te damos gracias por la fuerte experiencia de fraternidad, de comprensión mutua y de esperanza en el futuro vivida durante este tiempo de gracia, para nosotros y para todo el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Te alabamos por las maravillas que obras cada día en nuestras comunidades, Centros educativos y otros lugares de misión.
En el año Jubilar de la Redención imploramos tu perdón por todo aquello que en el pasado pudo desfigurar el rostro del Instituto y dificultar la proclamación de tu Buena Noticia.
Recordando la experiencia vivida por nuestro Fundador y los primeros Hermanos te bendecimos por el carisma fundacional que hiciste surgir en ellos y que ahora nos confías a nosotros.
Nos comprometemos hoy a vivir más plena, fraternal y creativamente nuestra asociación.
Queremos comprometernos personal e institucionalmente en el respeto a la vida humana, en la defensa de los Derechos de los niños y en hacer la escuela accesible a los más necesitados y "alejados de la salvación".
Queremos que nuestra opción por el servicio educativo de los pobres sea una prioridad en todo el Instituto. Estaremos atentos a las urgencias educativas de nuestro mundo para dar respuesta a las necesidades de los niños y jóvenes que Tú nos confías.
Te alabamos porque has hecho nacer en el corazón de nuestros Colaboradores el deseo de crecer en la fe y dedicar su vida a la educación humana y cristiana de la juventud. Nos comprometemos a acompañar con agrado los procesos de aquellas personas que expresen deseo de asociarse más estrechamente a la misión y a la espiritualidad lasaliana.
Te suplicamos fervientemente que sigas enviando obreros a tu mies; jóvenes dispuestos a dejarlo todo, a seguirte y a ser sembradores de tu evangelio en los surcos de la escuela.
Fieles a la confianza depositada en nosotros, nos comprometemos a informar a nuestros Hermanos y Colaboradores del contenido de las orientaciones y decisiones tomadas en este Capítulo para que éstas sean en los próximos años fuente de nuestro actuar personal y comunitario.
Estamos convencidos, Señor, de que Tú has caminado con nosotros durante estas jornadas del Capítulo y de que ahora nos envías para comunicar con gozo lo que aquí hemos visto. oído y hemos vivido.
S. Juan Bautista de la Salle. Ruega por nosotros
Viva Jesús en nuestros Corazones. ¡Por siempre! |
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