Mensaje del Capítulo General
Rome, 15 Septiembre 2000

Hermano Álvaro Rodríguez Echeverría, Superior General
y los miembros del Consejero General:
Hermano William Mann, Hermano Miguel Campos,
Hermano Yemanu Jehar, Hermano Marc Hofer,
Hermano Juan Pablo Martín Dueñas y Hermano Claude Reinhardt

El texto siguiente procede del Capítulo General. Fue distribuido a los Hermanos y a los Colaboradores durante el mes de julio de 2000 y se puede acceder a él por Internet. El Hermano Superior General y su Consejo han finalizado la redacción de las actas del 43º Capítulo General, y harán un informe para todo el Instituto en la Circular 447, disponible a comienzos de octubre.

Queridos Hermanos,
Queridos amigos, colaboradores y asociados a la misión lasaliana:

«Espíritu Santo concédenos el aliento y el fuego de un Pentecostés para nuestros tiempos». Hemos rezado con ustedes durante los últimos meses esta oración del Instituto por el 43º Capítulo General. Nos habíamos atrevido a esperar, en las semanas y meses anteriores a nuestra reunión en Roma, que el Espíritu de Dios podía una vez más encender un fuego nuevo en nosotros, volver a fortalecer e inflamar al Instituto y a la Familia Lasaliana, y unirnos a la acción misteriosa y providencial de Dios para renovar y transformar las sociedades en las que vivimos, la Iglesia a la que pertenecemos y el mundo de los jóvenes y de los pobres.

Sin embargo, nunca nos habíamos imaginado al abrir el 43º Capítulo General que íbamos a vivir aquí una experiencia tan importante. Y, cuando escribimos esta carta, nos preguntamos si nuestra experiencia no será como la de los doce en aquella primera mañana de Pentecostés, cuando llenos del Espíritu Santo y con cierta turbación, se dispusieron a dejar el Cenáculo y hacer partícipe al mundo de la experiencia que habían vivido juntos.

Como los demás capitulares, que en su mayoría nunca habían participado en un Capítulo General, llegamos a Roma con nuestras propias percepciones personales del Instituto y de la misión internacional lasaliana. Nuestra comprensión y aprecio de la diversidad y de la complejidad de la realidad vivida en el Instituto se ha visto enriquecida al escucharnos. Les confesamos hoy que al reflexionar sobre el tema central del Capítulo General «asociados para el servicio educativo de los pobres como respuesta lasaliana a los desafíos del siglo XXI» nuestras vidas han cambiado y se han renovado por la experiencia de este Capítulo. Les manifestamos nuestra alegría, y la de todos los reunidos aquí en Roma, cuando hemos llegado a conocer el gran progreso de los últimos siete años. Se han iniciado muchas acciones valientes y decisivas en favor del servicio educativo de los pobres y se han llevado a cabo muchas iniciativas inspiradas y creativas que dan expresión a nuevas formas de asociación.

Nos sentimos alentados por la comunión fraterna, animada por el Espíritu, que hemos vivido durante estas semanas en Roma. Jóvenes y mayores, Hermanos y Colaboradores, norte y sur... nos hemos encontrado... hemos renovado amistades... hemos establecido nuevos vínculos. Hemos escuchado... hemos compartido... hemos formado comunidad... hemos superado diferencias... hemos vivido unidos. Al mismo tiempo, hemos conocido con tristeza cómo muchos Hermanos y miembros de nuestra Familia Lasaliana, incluso en estos mismos días, se encuentran en sectores de nuestro mundo asolados por conflictos y guerras. Su sufrimiento nos ha llegado al alma y nos ha hecho capaces de apreciar, de manera más profunda la bondad de Dios que nos ha bendecido con esta experiencia de comunión pacífica.

 Mensaje del Capítulo General
Rome, 15 Septiembre 2000

Hermano Álvaro Rodríguez Echeverría, Superior General y los miembros del Consejero General: Hermano William Mann, Hermano Miguel Campos, Hermano Yemanu Jehar, Hermano Marc Hofer, Hermano Juan Pablo Martín Dueñas y Hermano Claude Reinhardt.


2000
43º capítulo
El texto siguiente procede del Capítulo General. Fue distribuido a los Hermanos y a los Colaboradores durante el mes de julio de 2000 y se puede acceder a él por Internet. El Hermano Superior General y su Consejo han finalizado la redacción de las actas del 43º Capítulo General, y harán un informe para todo el Instituto en la Circular 447, disponible a comienzos de octubre.

Queridos Hermanos,
Queridos amigos, colaboradores y asociados a la misión lasaliana:

«Espíritu Santo concédenos el aliento y el fuego de un Pentecostés para nuestros tiempos». Hemos rezado con ustedes durante los últimos meses esta oración del Instituto por el 43º Capítulo General. Nos habíamos atrevido a esperar, en las semanas y meses anteriores a nuestra reunión en Roma, que el Espíritu de Dios podía una vez más encender un fuego nuevo en nosotros, volver a fortalecer e inflamar al Instituto y a la Familia Lasaliana, y unirnos a la acción misteriosa y providencial de Dios para renovar y transformar las sociedades en las que vivimos, la Iglesia a la que pertenecemos y el mundo de los jóvenes y de los pobres.

Sin embargo, nunca nos habíamos imaginado al abrir el 43º Capítulo General que íbamos a vivir aquí una experiencia tan importante. Y, cuando escribimos esta carta, nos preguntamos si nuestra experiencia no será como la de los doce en aquella primera mañana de Pentecostés, cuando llenos del Espíritu Santo y con cierta turbación, se dispusieron a dejar el Cenáculo y hacer partícipe al mundo de la experiencia que habían vivido juntos.

Como los demás capitulares, que en su mayoría nunca habían participado en un Capítulo General, llegamos a Roma con nuestras propias percepciones personales del Instituto y de la misión internacional lasaliana. Nuestra comprensión y aprecio de la diversidad y de la complejidad de la realidad vivida en el Instituto se ha visto enriquecida al escucharnos. Les confesamos hoy que al reflexionar sobre el tema central del Capítulo General «asociados para el servicio educativo de los pobres como respuesta lasaliana a los desafíos del siglo XXI» nuestras vidas han cambiado y se han renovado por la experiencia de este Capítulo. Les manifestamos nuestra alegría, y la de todos los reunidos aquí en Roma, cuando hemos llegado a conocer el gran progreso de los últimos siete años. Se han iniciado muchas acciones valientes y decisivas en favor del servicio educativo de los pobres y se han llevado a cabo muchas iniciativas inspiradas y creativas que dan expresión a nuevas formas de asociación.

Nos sentimos alentados por la comunión fraterna, animada por el Espíritu, que hemos vivido durante estas semanas en Roma. Jóvenes y mayores, Hermanos y Colaboradores, norte y sur... nos hemos encontrado... hemos renovado amistades... hemos establecido nuevos vínculos. Hemos escuchado... hemos compartido... hemos formado comunidad... hemos superado diferencias... hemos vivido unidos. Al mismo tiempo, hemos conocido con tristeza cómo muchos Hermanos y miembros de nuestra Familia Lasaliana, incluso en estos mismos días, se encuentran en sectores de nuestro mundo asolados por conflictos y guerras. Su sufrimiento nos ha llegado al alma y nos ha hecho capaces de apreciar, de manera más profunda la bondad de Dios que nos ha bendecido con esta experiencia de comunión pacífica.

Los colaboradores lasalianos, que han sido una parte importante de esta experiencia, nos han permitido apreciar cuán lejos hemos llegado ya, en los últimos siete años, a compartir la misión lasaliana y a fortalecer los vínculos de asociación tan necesarios para su futuro. El compromiso admirable, a menudo con gran sacrificio personal y familiar de muchos hombres y mujeres en este trabajo tremendamente desafiante, en favor de los jóvenes y de los pobres en los ámbitos de la evangelización, la educación y la solicitud por los niños, son fuente de inspiración. La presencia de una madre y su hija «entre nosotros» fue una gracia y bendición y nos trajo el recuerdo de los muchos padres y tutores que en todo el mundo colaboran con nosotros en favor de la educación y formación de sus hijos. A todos ustedes que desean identificarse más estrechamente con la misión y la espiritualidad lasalianas, cristianos que buscan dar expresión concreta a su propia consagración bautismal en el ministerio de la educación, miembros de otras religiones, y personas de buena voluntad que comparten la misión lasaliana, les prometemos tomar en serio todo esfuerzo de asociación.

Estamos contentos de informarles que los miembros del 43º Capítulo General han sido audaces en las decisiones importantes que han tomado. Las nuevas situaciones piden nuevas estructuras. La formación de una «Comisión permanente de Hermanos y Colaboradores para la misión lasaliana»; la convocatoria de una «Asamblea General Internacional» de Hermanos y Asociados, teniendo todos voz y voto, antes del 44º Capítulo General; la promoción de nuevas formas de colaboración y asociación entre los Hermanos y los Colaboradores; la evaluación de todas las obras lasalianas existentes y la creación de nuevas iniciativas, y el nuevo compromiso claro y enérgico del Instituto y de la misión lasaliana en favor de los «miembros más frágiles y vulnerables de nuestras sociedades» son sólo algunas de las iniciativas valientes que mantendrán el impulso que ayude a la Familia Lasaliana a ser un instrumento más eficaz de Dios y de la Iglesia de hoy.

Para lograr lo anterior contamos con Ustedes los Jóvenes lasalianos. Sabemos que la razón de nuestra vocación, en palabras de nuestro Fundador, es "mover sus corazones" y a la vez sentimos nuestro corazón movido por Ustedes. Estamos seguros que con su creatividad, empuje y entusiasmo y a través de su compromiso en los diversos movimientos juveniles y en el Voluntariado, nos ayudarán a alcanzar las metas que el Capítulo nos propone.

¡Quién hubiera jamás imaginado el profundo impacto que la presencia y la participación plena de trece Hermanos jóvenes capitulares y consultores, y otros doce elegidos por sus Distritos, tendría en el tono y en las deliberaciones del Capítulo General y en la calidad de su vida comunitaria! Desde el fondo de nuestros corazones, queremos agradecer a estos Hermanos jóvenes la gran esperanza en el futuro que nos han inspirado y deseamos comunicar a todos ustedes, Hermanos y Colaboradores, cuán grande es la confianza que tenemos en nuestro futuro y en los extraordinarios Hermanos jóvenes con que Dios sigue bendiciendo a nuestra Familia Lasaliana.

Nuestro pensamiento se dirige también a los Hermanos de edad media que, en muchos sectores del Instituto, continúan de manera heroica responsabilizándose del funcionamiento de los Distritos (Subdistritos y Delegaciones), de la vitalidad de la vida consagrada vivida en comunidad, del cuidado y acompañamiento tanto de los Hermanos jóvenes como de los Hermanos mayores, y de la dirección de muchos centros educativos grandes y complejos. Gracias, Hermanos, por el buen trabajo que realizan y por el testimonio de servicio desinteresado que ofrecen a toda la Familia Lasaliana. Antes de finalizar estos comentarios, queremos dirigirnos de una manera especial a los Hermanos mayores. Sepan, queridos Hermanos que son un don para nuestro Instituto. Deseamos expresarles nuestro reconocimiento por todo lo que han hecho para conducirnos al momento actual de la historia de la Familia Lasaliana y agradecerles por todo lo que muchos de ustedes continúan haciendo incluso en edad avanzada. Les agradecemos su oración por nosotros durante el Capítulo General y el extraordinario testimonio de fidelidad a la vida consagrada que han vivido durante las últimas cinco décadas de cambio y conmoción sorprendentes. Gracias por el excelente trabajo que han llevado a cabo, a menudo con gran sacrificio personal, con generaciones de niños y jóvenes de nuestras escuelas e instituciones. Gracias por ser Hermanos nuestros. Téngannos presentes a nosotros y a todo el Instituto en sus trabajos y oraciones

Finalmente, deseamos y pedimos hoy que la recepción del 43º Capítulo General en las próximas semanas y meses, pueda ser para cada uno de ustedes y para toda la Familia Lasaliana una experiencia de «Pentecostés» que renueve en nosotros el aliento y el celo necesarios para asumir «juntos y por asociación» los grandes desafíos del siglo XXI. Sin duda el Reino de Dios, la proclamación de la Buena Nueva, el servicio de los pobres, la defensa de los derechos de los niños y la renovación permanente de la misión educativa lasaliana serán una llamada a la conversión continua. Y así, con la gracia de Dios, lo que cada uno de nosotros podía temer intentar solo, será posible si nos comprometemos a realizarlo juntos animados por la fe.

Durante esta semana hemos hecho nuestra la experiencia vivida por San Juan Bautista de La Salle y los doce primeros Hermanos reunidos con él para orar y discernir desde el domingo de Pentecostés al domingo de la Santísima Trinidad de 1694. Sospechamos que ellos estarían más inquietos que nosotros por el futuro de su asociación, y se preguntarían en las semanas que siguieron a este importantísimo momento de la historia del Instituto cómo sería recibida por los demás la noticia de lo que ellos habían realizado juntos.

Por consiguiente, nos unimos a ellos, con ustedes, y con los doce del Cenáculo cuando una vez más ponemos nuestras vidas, nuestro Instituto y nuestra asociación en favor de la misión lasaliana, en manos de la Divina Providencia, y confiando en la misericordia y en la bondad de Dios, nos volvemos a comprometer para «procurar la Gloria de Dios en cuanto nos fuere posible y lo exigiere de nosotros».

Fraternalmente en San Juan Bautista de La Salle,
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