Palabras a los Capitulares.
2 de junio 2000

Hno. Alvaro Rodríguez Echeverría
Superior general


HERMANOS:

En primer lugar, quiero agradecer a Dios por haber puesto su mirada compasiva sobre mi persona. Ante la gran responsabilidad que esta mañana el Instituto a través de Ustedes me ha confiado me animan tres certezas las mismas que animaban a nuestro Fundador: la certeza de la presencia siempre cercana del Señor, la certeza que el Señor conduce y guía la historia de los hombres con sabiduría y amor y la certeza que estamos empeñados en la obra de Dios.

Hermanos, quiero agradecerles la enorme confianza que me han manifestado. Solamente contando con su apoyo como Cuerpo del Instituto y con la seguridad de contar con una comunidad y equipo de gobierno complementario es que me he atrevido a aceptar este ministerio de animación.

Quisiera compartir con ustedes Hermanos, la experiencia que estoy viviendo en estos momentos. No se trata todavía de un mensaje programático sino de dejar hablar un poco el corazón. Mi primer sentimiento, como lo expresé esta mañana, es, que lo principal, antes y ahora, es ser Hermano y que el ser Superior General es un adjetivo ciertamente importante pero temporal y subordinado. Hermano es el substantivo y es lo que quisiera seguir siendo: Hermano que escucha, que respeta, que comprende, que anima, que encomienda a Dios el ministerio y las necesidades de sus Hermanos, animando en el discernimiento de los signos de los tiempos, de las respuestas creativas, de la fidelidad a los valores evangélicos, abierto a los gritos de los pobres y a las necesidades de los jóvenes.

Parafraseando la conocida frase de San Agustín citada por Lumen Gentium, creo que puedo decir: "Si me asusta lo que soy para ustedes, me consuela lo que soy con ustedes, para ustedes soy Superior, con ustedes soy Hermano. Aquel nombre expresa un deber, éste una gracia; aquel un peligro, éste la salvación" Lo cierto es que ser Hermanos es nuestro secreto, nuestra fuerza, nuestra mayor riqueza.

Porque en efecto, una de las experiencias más hermosas y extraordinarias de este Capítulo ha sido el ambiente fraternal que hemos vivido. En estos momentos me siento confortado por la unidad, la amistad, el apoyo de todos Ustedes.Ojalá esto sea un signo de lo que deseamos sea nuestro Instituto: Hermanos abiertos a todos, capaces de renunciar a intereses propios en aras del bien común, uniendo fuerzas, realizando proyectos comunes con nuestros asociados, encarnando el carisma lasaliano en el mundo de los pobres, maestros espirituales de una juventud, que hoy más que nunca y a pesar de algunas apariencias, busca sentido a sus vidas y tiene sed de Dios.

Mis sentimientos se dirigen también en estos momentos a personas concretas, imposible mencionarlas a todas...Pienso en mis papás, ya fallecidos, en mis hermanos... fueron para mí la primera escuela de valores humanos y cristianos. Siempre apoyaron mi vocación lasallista aunque esto significó dejar mi país a los 15 años y estar desde entonces en el extranjero, aunque dudo al decir esto porque en cada país donde he vivido: Honduras, Guatemala, México, España, Italia, me he sentido como en casa.

Pienso en en los Hermanos que he encontrado a lo largo de mi camino, en mis formadores y de manera especial en mis Hermanos del joven distrito de Centroamérica, con quienes viví la aventura de nuevos caminos de inculturación y de crecimiento local del Instituto con el apoyo incondicional de los Hermanos venidos de fuera; pienso en el descubrimiento en Guatemala del mundo indígena con sus grandes riquezas y con sus innegables valores de amor y respeto a la madre tierra, de su mirada contemplativa, de su religiosidad intuitiva y sencilla, de sus relaciones familiares profundas, de la acogida, la solidaridad, la hospitalidad, de su arte primitivista, de su ética de la calidad de la relación. El contacto con el mundo indígena me cambió muchos criterios y maneras de ver la vida, me acercó a los pobres.

Pienso en el Hermano Santiago Miller asesinado en 1982 y recuerdo que el día de su asesinato vino a verme un viejo matrimonio norteamericano que me enseñó una carta del Hno. Santiago. Se refería a un joven del Internado Indígena de Huehuetenango, que hoy lleva su nombre, al que los Hermanos ya habían tomado la decisión de expulsar por su conducta difícil. El Hno. Santiago le decía, a este matrimonio que pagaba la colegiatura del joven, que había logrado convencer a los Hermanos de no hacerlo y que él se comprometía a acompañarlo a llamarlo cada noche para hablar con él y que estaba seguro que iba a cambiar. Por eso cuando murió, la frase del Fundador que más recordamos fue aquella de que debemos amar de tal modo a nuestros discípulos que debemos estar dispuestos a dar la vida por ellos en nuestro ministerio.El motivo de su muerte, como sabemos, fue simplemente su compromiso en la promoción de los jóvenes indígenas, que también fue el motivo de la muerte de más de 30 exalumnos, del Instituto Indígena Santiago, en el que yo había trabajado, simplemente por ser profesores rurales que trataban de mejorar la suerte de su pueblo. Esto no se olvida.

Pienso también en tantos Hermanos de distintos distritos y regiones que han marcado mi vida en sus distintas etapas y como símbolo de todos quisiera recordar al Hermano Michel Sauvage que me introdujo en el apasionante itinerario del Fundador y al Hermano Noé Zevallos, maestro espiritual, que me empujó a meterme en los caminos de un carisma más encarnado en el continente latinoamericano y en el mundo de los pobres...

Cuando era Visitador me animaban mucho las cartas que el Hno. John casi cada trimestre nos enviaba y me marcó particularmente la de diciembre de 1990 en la que el Hno. John nos compartía, cómo alguno de los textos del Fundador, que nos hablan de la relación del Hermano con sus alumnos los podemos aplicar a los Hermanos que el Señor ha confiado a nuestro ministerio de animación y nos compartía uno del cuál, nos decía guarda copia y lo medita frecuentemente:"Cuando tropiecen con dificultades en el gobierno de los discípulos...acudan a Dios sin vacilaciones y pidan con mucha insistencia a Jesucristo que les anime de su Espíritu, pues los ha escogido para realizar su obra... Vuelvan los ojos hacia Jesucristo como el Buen Pastor...Y, puesto que hacen sus veces, impetren de El las gracias requeridas para conseguir la conversión de sus corazones... (MTR: 4,1). Creo que esta confidencia más que muchas palabras nos da a conocer la profunda calidad espiritual del Hermano John, lo cerca que todos hemos estado en su corazón durante los últimos años y el celo ardiente que le ha animado.

Me parece que no debo convencer a nadie al afirmar que la persona, el ejemplo y la animación del Instituto que ha realizado el Hno. John han sido de gran trascendencia y han marcado profundamente el Instituto en las últimas dos décadas. Quisiera sentirme en este momento el portavoz de todos Ustedes y agradecerle, como lo hice al inaugurar el cuadro que hoy adorna nuestra Casa Generalicia, su espíritu emprendedor y proactivo, su visión de futuro, la calidad de su testimonio y de sus reflexiones, su trabajo tenaz, su rectitud, su profundo amor e interés por cada Hermano y por cada una de la Regiones del Instituto, su preocupación en la defensa de los Derechos del niño, su atención siempre al día por las situaciones de injusticia, de guerra, de catástrofes, de problemas humanos... y su inquietud por hacer algo e invitarnos a hacer algo como Instituto en estas situaciones y finalmente su apertura a los seglares, cuyos frutos hoy recogemos en este Capítulo con el tema desafiante de nuestra Asociación para el servicio educativo de los pobres.

Creo que recojo, también, el sentir de todos al decir que el carisma lasaliano verdaderamente ha estado en muy buenas manos.

Además la participación del Hermano John en la Unión de Superiores Generales, nueve años como vicepresidente y su participación en tres Sínodos han abierto más el Instituto a las dimensiones de la Iglesia. Y por esto damos gracias a Dios y se lo agradecemos a usted Hno. John de todo corazón pidiendo al Señor lo siga colmando de sus bendiciones, seguros que seguirá aportando nuevas riquezas a nuestro Instituto.

Y deseo manifestar también todo mi agradecimiento a los Hermanos del Consejo General: Pierre, Gerard, Martín, Marc y Raymundo, sin olvidar naturalmente al Hermano Dominique Samné, cuyo recuerdo entre nosotros ha sido permanente, con los que he formado comunidad durante los últimos 7 años. Sus profundas cualidades humanas y lasallistas han hecho posible la vida de una comunidad fraterna, acogedora, respetuosa y enriquecedora.

El Hno. John en su última carta pastoral nos ha invitado a vivir nuestra historia fundacional y en estos días hemos hablado muchas veces del carisma recibido por San Juan Bautista de La Salle; de ese carisma del que nos sentimos herederos y que hoy rebasa los límites del Instituto. Ciertamente es un don, pero también fue una tarea. Creo que nuestro carisma es una síntesis original en la cual el amor ardiente por Dios y el amor ardiente a los hijos de los artesanos y los pobres encontraron traducción concreta en nuestra asociación para su servicio educativo.

A lo mejor podríamos hablar hoy del carisma construido por San Juan Bautista de la Salle y los primeros Hermanos a la luz de la fe a partir del encuentro con los hijos de los artesanos y los pobres. Estos niños, estos jóvenes fueron la mediación providencial que hizo surgir nuestro carisma. Y para el Fundador la presencia de Dios en ellos era tan evidente que nos pide hagamos un acto de adoración, el acto relacional más profundo que una criatura puede tener con Dios, al encontrarnos con ellos. "Reconozcan a Jesucristo bajo los pobres harapos de los niños que instruyen, adórenle en ellos" (Med. 96,3)

¿No debremos nosotros hoy vivir nuestro carisma a partir de los niños y jóvenes pobres que siguen siendo el eslabón más frágil y vulnerable de nuestras sociedades? Además de los problemas de afecto y los abusos que se dan en el interior de las familias, muchas veces desintegradas, en muchos lugares los niños se ven abocados a otras situaciones no menos degradantes. Sin pretender abarcarlos a todos podemos pensar en los niños trabajadores, los niños de la calle, los niños soldados o víctimas de la guerra, los niños vendidos, los niños desnutridos, los niños sin educación... ¿No serán ellos los encargados de dinamizar y reavivar nuestro carisma? ¿No será en ellos en donde Dios principalmente se nos revela?

El amor de un Dios que quiere que todos los hombres se salven , pero que tiene una predilección especial por los más pequeños, tal como lo muestra el Evangelio y lo entendió San Juan Bautista de La Salle, nos debe hacer creativos y eficaces. Nuestro Instituto nació en la frontera de una deshumanización: un mundo juvenil alejado de la salvación, sin posibilidades de alcanzar ni la realización humana ni la cristiana. Ser fieles a nuestro carisma significa hoy para nosotros responder con creatividad a las nuevas formas de deshumanización, a las nuevas pobrezas, a las llamadas que nos hace el mundo de los excluidos en los nuevos escenarios que hoy se nos presentan.
Creo Hermanos que el espíritu del 43º Capítulo general es que nos convirtamos al futuro, abiertos a las necesidades educativas de los pobres, atentos a los signos de vida, dispuestos a continuar una entrega generosa de la que nos dan ejemplo nuestros Hermanos mayores, que nos animan con su testimonio de fidelidad. En este itinerario nuestros Hermanos jóvenes y nuestros formandos nos estimulan. Ojalá les demos el protagonismo creativo y la confianza que merecen. Y si queremos ser fieles a la vida, no olvidemos la pastoral juvenil y vocacional.

Conversión al futuro porque cuando hablamos de conversión tendemos a pensar en el pasado y la conversión nos debe hacer mirar sobre todo al futuro como signo de algo cualitativamente mejor; se trata de hacer presentes los valores del Reino de filiación y fraternidad, que deben ser nuestro horizonte totalizador. No podemos encerrarnos en el pasado y vivir de espaldas a las realidades de hoy. Si queremos hablar del Instituto del futuro debemos hacerlo en términos de imaginación creadora, de un valentía capaz de correr riesgos, de osadía para no tener miedo y no confundir la fidelidad con la pura repetición del pasado.

Las necesidades de los pobres son inmensas, los problemas de nuestros jóvenes cada vez más complejos, el diálogo ecuménico e interreligioso cada día más necesario; por eso necesitamos crecer para dar vida, para responder a las nuevas pobrezas y a los problemas de hoy; necesitamos compartir nuestro carisma con nuestros asociados para que juntos podamos llegar más y mejor a los que nos necesitan. Una presencia solidaria nos debe estimular a una creatividad fecunda en iniciativas propias y en la colaboración en las iniciativas ajenas. El reto es inmenso pero sabemos que el Señor no abandona su obra; que su presencia renovada en la oración hace posible lo que nos parece un sueño.

Y por eso es importante también fortalecer nuestra mística y a hacer visible hoy con nueva fuerza la "memoria de Jesucristo" y la "memoria de los orígenes", que dan sentido a nuestra vocación y nos invitan a vivirla con imaginación creadora de futuro. Porque lo que el mundo espera de nosotros es sobre todo que seamos buscadores de Dios que le ofrezcamos una pista para su propia búsqueda. Guías, humildes y sin pretensiones, conscientes de nuestras propias incoherencias, pero capaces de acompañar a nuestros contemporáneos en su itinerario de fe, asumiendo sus debilidades, sus dudas y su fragilidad. Debemos ofrecer al mundo juvenil empezando por el de los pobres, corazones disponibles para escucharlos, comprenderlos, ponerlos de nuevo en camino, comunidades capaces de acogerlos y guiarlos, centros educativos, que valoren más sus personas que los programas o el prestigio.

Hermanos, mantengamos vivo el fuego que nos vio nacer, el 43º Capítulo General nos está dando pautas para lograrlo y actualizarlo y nuevas fuerzas para volver a empezar. Hagamos realidad lo que el poeta y héroe cubano José Martí nos dejó escrito: La mejor manera de decir es hacer. Que el "Sí" de María siga siendo para nosotros fuente de inspiración y que San José, bajo cuya protección quiso el Fundador poner el Instituto nos ayude a vivir con fe y confianza nuestro ministerio de educación humana y cristiana.
El sábado, 3 de junio, el Colegio del Sagrado Corazón de San Francisco ofreció un concierto en honor de los Capitulares. El Hno. Álvaro les dio la bienvenida diciendo: "Visité su colegio hace siete años en 1993 en mi viaje desde América Central a Roma para asistir al 42º Capítulo General. Conservo muy buenos recuerdos de vuestro hermoso colegio y de la ciudad.

"Cuando estuve en San Francisco, quedé encantado de vuestra hospitalidad. Deseo que disfrutéis en Roma tanto como yo disfruté en San Francisco".

El coro está realizando una gira por Italia. El domingo por la tarde cantarán en la Basílica de San Pedro, antes de salir el lunes para Asís, Perugia y Florencia. Nuestra sincera gratitud por el maravilloso concierto.

Continuaremos informándoles sobre los diferentes resultados de las elecciones y del trabajo de las comisiones.
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