H. José Manuel Agirrezabalaga
7 de junio de 2000

Apreciado Hermano John:

Con mucho gusto tomo la palabra para manifestarle, de alguna manera, el reconocimiento y el agradecimiento por su servicio de animación y gobierno del Instituto en estos últimos 7 años, de parte de los Hermanos de habla hispana y portuguesa de nuestros distritos y regiones de la RELAL y de la ARLEP que se extienden por América Latina y el Caribe, por España y Portugal, por Guinea Ecuatorial y Mozambique en Africa.

Ante todo, muchas gracias por sus 24 años de servicio en el centro del Instituto, primero como Vicario General y después como Superior General. Gracias por su liderazgo que, con el paso y el peso de los años, en vez de decaer ha ganado en calidad. Reconocemos con agradecimiento su dinamismo y vitalidad personal, que nos ha impulsado a mirar el presente y el futuro de una forma proactiva, con esperanza y confianza, inspirándonos en las intuciones de nuestra historia fundacional. Gracias por sus interpelaciones insistentes en favor de los niños y jóvenes desfavorecidos y la defensa de los derechos de los niños.

Gracias por su fidelidad al "cuerpo de la sociedad", por su esfuerzo por llevar a cabo las propuestas de los últimos Capitulos Generales y marcar, incluso, nuevas pautas y alentar nuevos compromisos apostólicos en favor de los pobres.

Le agradecemos sus mensajes claros e interpelantes, sus lecturas de la realidad lasaliana desde lo concreto, sus llamadas constantes a la renovación y conversión, a traves de una fidelidad creativa, a fin de superar el foso existente entre nuestras realidades y nuestros textos inspiradores. Durante todos estos años los Hermanos de nuestras regiones han esperado con interés su Carta Pastoral anual, y la misma ha sido objeto de lectura y reflexión personal como de diálogo comunitario. Gracias por su magisterio y aliento fraternos, que nos han llegado a través de dichas Cartas Pastorales, las Cartas a los Visitadores, conferencias, y encuentros con los Hermanos con motivo de sus visitas a los Distritos.

Hemos apreciado su interés constante por conocer y valorar las realidades de nuestros Distritos y sectores, en vistas a promover la vitalidad de sus comunidades y de la misión que los Hermanos junto con los colaboradores y asociados llevamos a cabo en los mismos. Gracias, en particular, por su atención hacia nuestros Hermanos jóvenes y la cercanía con nuestros Hermanos mayores. Hemos valorado y le agradecemos su esfuerzo por llegar hasta los pequeños sectores, los más alejados de nuestras regiones, como Guinea Ecuatorial y Mozambique.

Gracias porque nos ha acercado la realidad internacional y universal del Instituto y nos ha interpelado, a fin de que en nuestros Hermanos y colaboradores se acreciente el sentido de pertenencia y asociación al Instituto internacional, y se promuevan compromisos de interdependencia con los sectores más necesitados de apoyo y solidaridad. Gracias a sus llamadas nuestros Distritos y Regiones han seguido abriéndose a otros sectores y colaborando en la implantación y enraizamiento del Instituto en nuevos países.

Valoramos muy positivamente el reconocimiento que en su persona el Instituto ha recibido de diversas instancias tanto civiles como eclesiales. Baste recordar, como botón de muestra, sus nueve años como vicepresidente de la Unión de Superiores Generales y su participación en tres Sínodos. Creemos que todo ello ha servido para que nuestra hermosa vocación de Hermano sea un poco más reconocida y valorada en la Iglesia.

Gracias de corazón, H. John, por todo ello.

Toda esta letanía de agradecimientos nos lleva a la acción de gracias al Señor, dador de todo bien. Termino, pues, elevando nuestro agradecimiento al Padre por el don que ha hecho al Instituto en su persona y en su servicio generoso. Que el Señor Resucitado le colme de la plenitud de su Espíritu. ¡Muchas gracias!
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