Palabras finales de la Reunión Intercapitular
Hermano Álvaro Rodríguez Echeverría
Superior General
Roma 4 de junio de 2004
Queridos Hermanos:

Hemos llegado al final de nuestra Asamblea intercapitular y con ustedes doy gracias a Dios por estas dos semanas que hemos vivido fraternalmente y durante las cuáles hemos reflexionado y compartido experiencias y proyectos sobre nuestro compromiso prioritario de servir a los pobres y a partir de ellos a todos los jóvenes por medio de la educación cristiana.

Creo que ha sido un tiempo favorable y de gracia que nos permitirá a todos vivir con nueva fuerza y entusiasmo la puesta en práctica de las propuestas capitulares durante los tres próximos años. Hemos reflexionado también sobre otras prioridades importantes como la Asociación con los seglares, la reestructuración, la renovación de nuestra vida comunitaria. y puntos muy prácticos como nuestra Asamblea del año 2006. Con María hoy podemos cantar nosotros también nuestro Magnificat.

No voy a referirme a los temas tratados ya que durante estas semanas los hemos podido estudiar y profundizar. Me voy a centrar en otra prioridad que también me parece esencial y de la cuál estoy convencido dependerá en gran medida nuestro futuro. Me refiero a la calidad de nuestra vida religiosa. Creo los tres calificativos que hoy le convienen son: pasión, radicalidad y significación.

El documento del próximo Congreso de vida religiosa que tendrá lugar en noviembre organizado por las dos Uniones de Superiores /as Generales tiene como título: Pasión por Cristo, pasión por la humanidad. Es una síntesis de lo que está llamada a ser nuestra vida. Debemos recuperar el "amor primero" del que nos habla Oseas y volver a la motivación esencial, a la experiencia fundante del absoluto de Dios en nuestras vidas tal como lo expresamos en nuestra fórmula de consagración a la Trinidad: para buscar tu gloria cuanto me fuere posible y lo exigiereis de mí. Expresión de nuestro amor apasionado por el Señor, razón única que justifica nuestro ser Hermano. Gloria de Dios que se traduce en pasión por la humanidad. Pasión que nos descentra de nosotros mismos y de nuestro egoísmo e intereses personales para centrarnos en Dios y en la construcción de su Reino.

Poseemos una espiritualidad maravillosa, centrada en la persona de Jesús, Verbo encarnado y alimentada por su Palabra. Una espiritualidad capaz de unificar fe y vida. Ser animador a nivel de distrito, Subdistrito y delegación significa mantener vivo el fuego apasionado que nos puso en camino y contagiarlo a nuestros Hermanos. Debemos evitar el convertirnos en meros funcionarios o administradores, debemos evitar la burocratización de nuestra misión.

El Hermano Robert Comte en el folleto sobre la Identidad Lasaliana que se ha repartido durante la Asamblea nos hable de este peligro de funcionarizarse y nos invita a reencontrarnos periódicamente con el dinamismo de los comienzos. Ciertamente no debemos descuidar esta dimensión pero debemos ser conscientes que sin una vida espiritual profunda centrada en Cristo y en el Evangelio nuestra misión se convierte en un trabajo social, útil pero incapaz de dar pleno sentido a nuestras vidas. No debemos olvidar que los religiosos por definición debemos ser más un grito del absoluto de Dios que una función; una presencia del Verbo encarnado más que una tarea.

Podemos preguntarnos ¿hasta que punto nuestra vida religiosa es una experiencia apasionada de Dios y, hasta que punto nuestra vida es ante todo seguimiento de Jesús en su entrega al Padre y a los hermanos/as?, y también ¿si nuestra propia vida espiritual y de oración, es un ejercicio a cumplir o una necesidad vital?

Hemos hecho en los últimos años un esfuerzo extraordinario por volver a nuestras fuentes fundacionales, pero no estoy tan seguro si hemos hecho el mismo esfuerzo por volver al Evangelio, a un Evangelio sin glosas como gustaba decir San Francisco. Me preocupan la superficialidad y desapasionamiento con que muchas veces vivo y vivimos nuestra relación con Dios.

Lo nuestro es ser significativos evangélicamente y no solo eficientes profesionalmente. Debemos ser una reserva ecológica de espiritualidad. Debemos ser sacramentos de la necesidad y posibilidad de vivir relaciones profundas enraizadas en el amor de Cristo. Si no vivimos nuestra vida religiosa con radicalidad, ésta pierde sentido. ¿No será sintomático que en nuestros últimos Capítulos y en esta misma Asamblea incluyamos en el tema de Comunidad lo relativo a la espiritualidad y a nuestra consagración a Dios que, a lo mejor, convendría tratar más explícitamente?

Y tampoco podemos pasar por alto las tentaciones que hoy nos acechan. Me refiero sobre todo a:

El secularismo contra el que nos ponía en guardia el Fundador en sus últimas recomendaciones. Muchas veces nuestro lenguaje es más tímido cuando hablamos de Dios que el de muchos seglares convencidos en la vivencia de su fe. Algunas veces vocaciones jóvenes que nos llegan en búsqueda de espiritualidad y sentido, no encuentran en nosotros una respuesta ni una ayuda. Y sin embargo Paulo VI definía al religioso como un profesional de Dios y la Regla nos dice que el carácter que distingue a la comunidad de los Hermanos es ser comunidad de fe en la que se comparte la experiencia de Dios (48).

El consumismo. Es otro problema que ha invadido nuestras comunidades. Vivimos teniéndolo todo. Podríamos preguntarnos qué significa nuestra vida para los seglares que tienen que trabajar arduamente y luchar para tener lo necesario, mientras que nosotros tenemos tantas oportunidades. El consumismo es una tentación permanente y, en la práctica, vivimos de ello. Debemos esforzarnos por una vida más sencilla. Limitarnos en los gastos, en la sed de necesitar tanto. No hay que volver habitual lo que puede darse alguna vez y no debemos olvidar el llamado que nos hace la Regla a vivir como las personas de condición modesta (32). La vida religiosa está llamada a ofrecer otro modelo de sociedad y no a copiar el estilo de la sociedad en la que vivimos.


El Individualismo que a todos nos acecha en un mundo en donde la persona es el centro de gravedad, junto con otro problema del tiempo actual como es el del relativismo: la tendencia a crearnos una religión subjetiva a nuestra medida. Pienso que el mejor antídoto es la espiritualidad del Fundador: equilibrada, humana, integradora, cristocéntrica, y que da un gran valor al descubrimiento de Dios en la realidad, a la fraternidad, a la gratuidad y a la sencillez.

El impacto de la nuevas tecnologías. Esto nos plantea grandes retos a nivel de la formación inicial y permanente. Nos debemos formar y formar a nuestros Hermanos para el uso de los nuevos medios. No sólo por el peligro de la pornografía sino también por el tiempo que esto nos lleva y que a la edad de la jubilación puede ser un pretexto para no buscar nuevos compromisos apostólicos adaptados a esta nueva etapa. También es importante tener criterios claros para el uso del celular, los lap-tops, etc. Hay que estudiar estos temas, no hay respuestas hechas , pero se requiere de la reflexión. Un criterio sería verlo desde el prisma de la misión. ¿Es esto necesario en vistas al trabajo y al apostolado que realizamos? ¿Es solo para asuntos personales? Con frecuencia criticamos a los grupos integristas y cerrados; no obstante, ellos ofrecen una espiritualidad casi siempre cuestionable pero que lleva a crear convicciones, y, nosotros, ¿qué ofrecemos? ¿ Sólo facilidades? Paradójicamente los jóvenes hoy buscan ser desafiados por ofertas radicales y exigentes

Hermanos, no debemos olvidar como nos dice San Pablo que el Señor actúa a través de instrumentos frágiles y pecadores. No debemos tener miedo a reconocer nuestras incoherencias y debilidades. Las convicciones lasalianas de un Dios siempre cercano, que guía nuestras vidas y en cuya obra estamos comprometidos debe mantener viva nuestra esperanza. Pero hay otros motivos para que esta crezca..

Un primer motivo es constatar en nuestras estadísticas la clara tendencia de los últimos años a que el número de los Hermanos que hacen su primera profesión y los que hacen la profesión perpetua es superior al número de Hermanos de votos temporales o el número de Hermanos de votos perpetuos que respectivamente nos dejan. La proporción es 93/37 para los primeros y de 43/29 para lo segundos (Estadística del 31 de diciembre de 2003). Esto significa una mayor perseverancia que sin duda se debe a la gracia de Dios y a la mejor calidad de nuestros procesos formativos.

Quisiera en segundo lugar, compartir con ustedes, dos hermosas experiencias vividas en mis últimas visitas pastorales. La primera en Papua Nueva Guinea al visitar el Holy Trinity Teachers' College en Mount Hagen. Al final de una asamblea se me acercaron tres jóvenes estudiantes para decirme espontáneamente: Los Hermanos son diferentes. Les pregunté: ¿por qué dicen eso? y me respondieron: porque los Hermanos siempre están disponibles, siempre tienen tiempo para nosotros. Les confieso que me sentí muy orgulloso de ser Hermano.

La segunda fue más recientemente en Turquía. Tuve un encuentro con más de doscientos alumnos del Colegio Saint Joseph Kadiköy en Estambul para una sesión de preguntas. Nuestros alumnos son musulmanes a excepción de cinco o seis cristianos y el sistema educativo es totalmente laico. Tenemos una pequeña comunidad de tres Hermanos y uno sólo de ellos trabaja en la escuela. Este joven me dijo: Je pense que être comme vous et une bonne chose. Et est-ce que vous pourriez raconter comment vous êtes devenu Frère? Mi conclusión es que ser Hermano vale la pena y que debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que después de nosotros nuevas generaciones puedan continuar nuestra misión. Vivir con autenticidad nuestra vocación me parece condición indispensable.

El 21 de mayo de 1996 fueron asesinados en Argelia siete monjes trapenses. El obispo de Orán Mons. Pierre Claverie, O.P., sólo cuarenta días antes de ser también asesinado, escribía:
Desde el comienzo del drama argelino me han preguntado a menudo: ¿Qué hacen ustedes allí? ¿Por qué se quedan? Estamos allí a causa de este Mesías crucificado. Por nada más y nadie más. No tenemos intereses que salvaguardar ni influencias que conservar. No nos mueve tampoco ninguna perversión masoquista o suicida. No tenemos ningún poder: permanecemos en Argelia como a la cabecera de un amigo, de un hermano enfermo, en silencio apretándole la mano, refrescándole la frente. A causa de Jesús, porque es Él el que sufre en esta violencia que no perdona a nadie, nuevamente crucificado en la carne de millares de inocentes. Como María, como Juan, estamos allí al pie de la cruz en la que Jesús muere, abandonado de los suyos, escarnecido de la plebe.

¿No es quizás esencial para un cristiano estar allí, en los lugares de sufrimiento, de abandono? ¿Dónde podría estar la Iglesia de Jesucristo sino sobre todo allí? Aunque pueda parecer paradójico, la fuerza, la vitalidad, la esperanza, la fecundidad de la Iglesia provienen de allí. No de otro lugar ni de otro modo. Todo lo demás es sólo humo en los ojos, ilusión mundana. La Iglesia se engaña a sí misma y al mundo cuando se presenta como un poder en medio de otros poderes, como una organización incluso humanitaria o como un movimiento evangélico espectacular. Puede brillar, pero no puede arder de amor de Dios, "fuerte como la muerte" (Ct 8,6). En efecto, se trata de amor, ante todo de amor y sólo de amor. Una pasión en la que Jesús nos ha dado el gusto y trazado el camino: "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos" (Jn 15,13).
Hermanos nosotros también estamos aquí a causa de nuestro Mesías crucificado. No debemos pretender ser un poder o una organización poderosa o de prestigio, no tenemos intereses que guardar, ni influencias que conservar. para nosotros se trata también de amor y sólo de amor, de una pasión que como la de Jesús nos debe llevar a dar la vida por los niños y jóvenes que el Señor nos ha confiado. Se trata de unir mística y misión y crear espacios de vida en abundancia. Y termino con dos interrogantes:

1. ¿Cómo lograr que lo que en los orígenes fue una vivencia nueva y significativa del Evangelio, siga teniendo actualidad?
2. ¿Estamos convencidos que más importante que administrar un pasado es mirar hacia delante, a pesar de todo, y convertirnos al futuro?

Para la publicación de noticias, por favor escribir a:lasallew@lasalle.org

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