Roma 20 de diciembre de 2005


Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús, nuestro Señor, Padre lleno de ternura, Dios del que viene todo consuelo. Él nos conforta en toda prueba, para que también nosotros seamos capaces de confortar a los que están en cualquier dificultad mediante el mismo consuelo que recibimos de Dios (2 Co 1, 3-4).

No cabe la menor duda que la Navidad, la encarnación y nacimiento de Jesús han sido uno de los mayores consuelos que el Padre nos ha proporcionado. La manifestación de su inmensa ternura y de su amor sin límites ni condiciones. Se trata nada menos que de la manifestación de la humanidad de Dios (Tt 3,4). Al manifestarse en Cristo la humanidad de Dios podemos comprender mejor el sueño de Dios sobre cada uno de nosotros, nuestra primera vocación a ser plenamente humanos como Jesús, el hombre perfecto. No podemos guardar esta inmensa gracia y este extraordinario consuelo para nosotros. Navidad significa compartir con todos este regalo que el Padre nos da en Jesús y que renovamos cada año como un hito importante en nuestro empeño de un mundo más humano.

Hermanos y miembros todos de la Familia Lasallista, todos nosotros estamos llamados a hacer visible el amor invisible de Dios revelado en Jesús, a trabajar incansablemente para que en cada rostro humano, sobre todo en el de los niños y jóvenes que educamos y en el de los pobres que servimos, la imagen de Dios se manifieste plenamente y el sueño de Dios se haga realidad. De esta manera, como nos dice Gaudium et Spes, somos testigos de que está naciendo un nuevo humanismo, en el que el hombre queda definido principalmente por la responsabilidad hacia sus hermanos y ante la historia (55).

El próximo año tendremos la Asamblea Internacional de la Misión Educativa Lasallista, que sin duda nos dará nuevo impulso y nuevas intuiciones para responder mejor a la hermosa misión que el Señor nos ha confiado en favor de sus predilectos los pequeños, los jóvenes y los pobres.

¡MUY FELICES NAVIDADES Y UN AÑO NUEVO LLENO DE LAS BENDICIONES DIVINAS!

Hno. Álvaro Rodríguez Echeverría
Superior General

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