¡Felices Pascuas de Resurrección!
Pascua es la fiesta de la esperanza, el triunfo de la vida sobre la muerte; del amor sobre el odio; de la alegría sobre la tristeza, del domingo de Pascua sobre el Viernes Santo. La vida humana es un continuo “pasar” vivimos una Pascua permanente. Debemos pasar por muchas muertes para llegar a nueva vida.
Estamos llamados a ser testigos de esa esperanza que nos habita, como nos invita San Pedro. Se trata de una esperanza que nace de nuestra fe en el Dios de la vida y en la humanidad capaz siempre de renacer de sus cenizas. Esto significa que, en todas nuestras luchas por ser personas que aman y están vivas, Dios está con nosotros. La gracia de Dios está con nosotros en los momentos de fracaso y de lío, para ponernos nuevamente en pie. De la misma forma que el domingo de pascua Dios convirtió el viernes santo en un día de bendición, podemos estar seguros de que todos nuestros intentos por amar darán fruto ¡Y por eso no tenemos que temer! Podemos adentrarnos en esta aventura, con confianza y coraje (Timothy Radclife).
Nuestras personas reconciliadas y nuestras comunidades fraternas deben dar a la esperanza un rostro, estando presentes por elección evangélica en las situaciones de dolor y de miseria manifestando que la ternura de Dios no tiene fronteras, que la resurrección de Jesús es prenda de victoria, que el Dios de la Vida tendrá la última palabra sobre los ídolos de la muerte.
El amor de un Dios que quiere que todos los hombres se salven, pero que tiene una predilección especial por los pobres y más pequeños, tal como lo muestra el Evangelio y lo entendió nuestro Fundador, nos debe hacer creativos y eficaces. Pascua es invitación a convertirnos al futuro como signo de algo cualitativamente mejor; se trata de hacer presentes los valores del Reino de filiación y fraternidad, que deben ser nuestro horizonte totalizador, como lo fueron para Jesús llevándolo a entregar su propia vida. El amor es la prueba de que estamos participando de la Pascua del Señor: Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos/as (1 Juan 3,14).
El reto es inmenso pero sabemos que el Señor ha resucitado; que su presencia renovada en la oración, en la Eucaristía y en el rostro de nuestros hermanos y hermanas hace posible lo que nos parece un sueño. ¡Felices Pascuas de Resurrección!
Hermano Álvaro Rodríguez Echeverría, FSC
Superior General
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