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Noticias del Instituto y de la Familia Lasaliana
Roma 25 de octubre de 2005 |
Jóvenes lasalianos se asocian: Sábado 10 de septiembre de 2005 – Disfrutábamos de una primera jornada de descanso desde hacía dos semanas. Sin embargo, deberíamos levantarnos al amanecer para ir al Mont-Bénilde, en el corazón de Québec, a hora y media de distancia. Allí nos encontraríamos con amigos, co-hermanos, pero también con una etapa de nuestra vida…
Somos 6 monitores jóvenes del Camp de-La-Salle, una obra perteneciente a los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Este lugar ha aportado mucho a cada uno de nosotros, ya sea como antiguos campistas ya como instructores. Hoy, nos ocupamos de proporcionar a otros jóvenes lo que otros anteriormente nos dieron, Hermanos y Seglares. Es por eso que pronunciamos en Mont-Bénilde nuestro compromiso como asociados a los Hermanos de las Escuelas Cristianas del Canadá Francófono.
Lo que deseamos ante todo, es que nuestro compromiso hacia los jóvenes siga teniendo continuidad con los años, incluso intensificándose. Con nuestros campamentos “La Poursuite”, queremos hacer vivir a los jóvenes desfavorecidos una experiencia de grupo enriquecedora, hablándoles de Cristo y permitiendo a cada uno alcanzar su madurez, oportunidad que estos jóvenes no siempre tienen en las ciudades.
Pronunciamos nuestro compromiso en grupo. Hemos seguido un proceso como equipo, por lo cual era importante para nosotros efectuar este gesto juntos. Lo hicimos ante nuestros colegas, ante los Hermanos y ante Dios. Para una duración de dos años, este compromiso irá tomando vigor y fuerza con el correr de estos años, para ser eventualmente renovado más fuerte y vigoroso en cada uno de nosotros.
(Catherine, Marie-Hélène, Étienne, Lucas, Philippe y Simon) |
XXª Jornada Mundial de la Juventud, Colonia, agosto de 2005: “Hemos venido para adorarlo” además de ser el eslogan de la pasada JMJ, también ha sido lo que un millón de jóvenes han vivido y testimoniado durante una semana. Hemos venido en peregrinación a Colonia como los magos, pues queríamos adorar a Cristo en nuestra vida. Entre tanta gente que ha ido a Alemania estábamos también nosotros: un grupo de unos 49 jóvenes, provenientes de toda Italia, y todos unidos en el mismo carisma lasaliano.
Como Movimiento Juvenil Lasaliano (MJL) hemos llegado a Colonia después de un año de preparación cargados de esperanzas, expectativas y sueños. Pero, como sucede a menudo en estos casos, especialmente cuando se trata de jornadas mundiales, todas nuestras expectativas se han trastornado, y la JMJ ha llegado a ser mucho más de lo que habíamos programado. Durante una semana nos hemos sumergido en una atmósfera cargada de fe y tradición, en lugares impregnados de testimonios vivos y tangibles de siglos de tradición cristiana. Se han organizado muchas iniciativas y ha habido muchas posibilidades para la oración, la reflexión y la profundización. En dos semanas, hemos aprendido, como personas, que a Dios se le adora en la vida de cada día. Lo hemos aprendido en los ojos de las familias y de las personas que nos han hospedado y que se han ocupado de nosotros antes y durante la JMJ. Además de la participación en la tradicional Jornada Mundial, hemos tenido la posibilidad de vivir cuatro días de hermanamiento en dos pequeños lugares de Baviera: Mittenwald y Farqant. Aquí hemos podido compartir nuestra fe, nuestras ideas y nuestro trabajo con otros jóvenes del lugar que han abierto sus espacios para acogernos de un modo que nos ha verdadera y sinceramente maravillado.
Hemos salido de Baviera directamente hacia la ciudad de los magos con el corazón lleno de esta experiencia y nos hemos reunido en la explanada Marienfeld para la vigilia final, acampados con otro centenar de muchachos cansados pero felices. Felices por estar allí para testimoniar nuestra fe, felices por estar allí para decir, como cristianos primero y luego como lasalianos, nuestro sí al Cristo que, inmolándose sobre la cruz, nos llama a ser constructores de la Civilización del amor.
Son muchas las cosas que hemos traído al regresar de Colonia, pero son también muchas las cosas que nos esperan en nuestra vida cotidiana, en nuestras escuelas, universidades, familias. Es cierto: hemos llegado a Colonia para adorarlo, pero la hemos dejado con el entusiasmo de quien realmente “no volverá donde Herodes”.
(Davide Smaldone) |
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