
Cuando los hombres viven en paz con Dios y entre sí, la tierra se asemeja verdaderamente a un "paraíso".
Por desgracia, el pecado arruina continuamente este proyecto divino, engendrando divisiones e introduciendo la muerte en el mundo. Así sucede que los hombres ceden a las tentaciones del maligno y se hacen la guerra unos a otros. La consecuencia es que, en este estupendo "jardín", que es el mundo, se abren espacios de "infierno".
BENEDICTO XVI, domingo 22 de julio de 2007, Lorenzago di Cadore, Italia |
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