Mensaje del Hermano Álvaro, Superior General

Con mucho gusto me uno a la feliz iniciativa del Movimiento Juvenil Internacional Lasallista, siguiendo una de las orientaciones del último Simposio, de dedicar la semana comprendida entre el 15 y el 21 de octubre, dando especial importancia a este último día, para unirnos todos los lasallistas en una oración insistente por la paz.

Como lo expresé a los jóvenes europeos lasallistas en su encuentro de Polonia, creo que estamos viviendo un momento de gracia en el que está creciendo la conciencia por un lado, de que la guerra nunca ha sido ni será una solución y por otro que debemos crear y desarrollar una cultura de la paz; que nuestra opción es por la vida, por los pobres y por los que sufren. Me gusta mucho el termino inglés "peacemaker". Creo que define muy bien la actitud en la que permanentemente debemos vivir. Un no a la guerra debe traducirse en un Sí a la vida y a una vida plena.

En su Mensaje para la Jornada mundial por la paz de este año el Papa Benedicto XVI nos recordaba que la paz es al mismo tiempo un don y una tarea. Como don de Dios, debemos pedirlo sin cansarnos, sobre todo al ver que hoy se viven en el mundo muchas guerras, en más de un caso ignoradas. Como tarea, exige de cada uno de nosotros una respuesta personal coherente con el plan divino.

Los invito, pues, a participar con creatividad en esta actividad a la que nos invitan los jóvenes lasallistas y hago mía la plegaria que con ocasión de un encuentro juvenil por la paz, proclamaba el gran amigo de los jóvenes, Juan Pablo II:

Señor, la humanidad que Tú salvaste ha convertido muchos arados en espadas y las amenazas y los gritos del miedo parecen acallar las canciones de la vida.
Tú que prometiste quedarte con nosotros todos los días, escucha hoy el clamor de esta juventud y se Tú para nuestra generación el maestro y pastor que conduce a la paz.
Mientras más absurdo se manifiesta el proyecto de la nueva Torre de Babel que las ideologías proponen y más angustiosos son los pronósticos de los que han construido sobre arena, nosotros nos volvemos a Ti con una decisión más firme.
Sube, Señor, nuevamente a la montaña, nosotros vamos contigo a escucharte proclamar para nuestra generación el código de la felicidad verdadera.
Dinos con tu voz sabia y recia la promesa y el programa:
"Bienaventurados los constructores de la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios".
Hoy aceptamos te invitación y queremos hacer de la paz del mundo nuestra tarea permanente.

Hermano Álvaro Rodríguez Echeverría
Superior General

 
 



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