Domingo del Santísima Trinidad

Domingo del Santísima Trinidad

mayo 25, 2021 admin1

30 de mayo de 2021

Queridos Hermanos:

¡Sé quien Dios quiso que fueras y harás arder el mundo!
(Santa Catalina de Siena)

Hoy, los Hermanos Consejeros Generales y yo nos unimos a ustedes en la renovación de nuestro compromiso con Jesucristo como Hermanos de las Escuelas Cristianas.  En esta fiesta de la Santísima Trinidad, al refrendar una vez más nuestro deseo de ser quienes Dios nos llama a ser, estemos atentos a estas palabras de Juan Bautista de La Salle: » traed con frecuencia a vuestra mente cuál es el fin de vuestra vocación, para que os mueva a contribuir al establecimiento y consolidación del reino de Dios en el corazón de vuestros alumnos».[1] Hermanos, ¡inflamemos el mundo con la Buena Noticia!

El Hermano Álvaro, antiguo Superior General, nos ofrece una intuición del misterio que estamos celebrando:

La gloria del Padre, que en Jesús se revela como ternura y misericordia. La gloria del Hijo, que se revela en el rostro del pobre, del hambriento, del encarcelado… (Mt 25) y nos invita a proseguir su misión y construir el Reino. La gloria del Espíritu, que nos descubre sus semillas en los diferentes y nos abre al diálogo y al respeto. [2]

Hermanos: para inflamar el mundo estamos llamados a procurar la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu siendo amables y compasivos con todos aquellos con quienes nos encontramos, especialmente con los pobres. Estamos llamados a ser testigos de la fraternidad y de la comunidad como experiencias del Reino de Dios. Estamos llamados a cooperar con el Espíritu en la construcción de la única familia humana. Estamos llamados a recordar que sólo podemos «participar en el acto de crear cuando nosotros mismos nos abrimos a ser creados o recreados por el poder del amor de Dios». [3]

Encender el fuego del amor de Dios en nuestras vidas y en las de nuestros hermanos y hermanas requiere paciencia y tiempo para:

  • Reconocer el paso de Dios y discernir, en la trama de lo real, las llamadas del Espíritu.
  • Dar gracias por las manifestaciones de la vida, por las victorias de las fuerzas de vida sobre las fuerzas de muerte.
  • Interceder por aquellos con los cuales nos obliga la existencia y cuyas necesidades percibimos o presentamos.
  • Evangelizar la vida; centrarse en el objetivo, el Reino de Dios… [4]

Para seguir haciendo que el mundo arda ayudando a otros a vivir la vida en plenitud y procurar así la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, nuestro ministerio requiere una dirección clara y estrategias concretas y eficaces.  En este sentido, nos estamos preparando para la 3ª Asamblea Internacional de la Misión (AIMEL III) y el 46º Capítulo General. Oremos para que éste sea el momento «de distinguir los caminos del bien que nos conducen al futuro, de otros caminos que no llevan a ningún lado o nos hacen retroceder.  Si tenemos claridad, podemos elegir mejor el primero». [5]

En esta fiesta de la Santísima Trinidad, recordemos que Juan Bautista de La Salle buscó la voluntad de Dios y tomó la valiente decisión de «salir de la catedral de piedra» e inflamar el mundo procurando “hacer entrar a los jóvenes abandonados en la catedral viviente: la Iglesia”. [6]

Hermanos: volvamos a comprometernos a ser quienes Dios quiere que seamos y a prender en el mundo la llama de su amor.

Fraternalmente,

Hermano Robert Schieler, FSC
Hermano Superior


[1] Meditaciones de san Juan Bautista de La Salle, 67.1.
[2]  Echeverría Rodríguez, Álvaro, FSC. Consagrados por el Dios Trinidad, como comunidad de Hermanos, para hacer visible su amor gratuito y solidario. Carta Pastoral, 2007, p. 5.
[3]  Delio, Ilia. Las horas del universo: Reflexiones sobre Dios, la ciencia y el viaje humano. Orbis Books, 2021, p. 167.
[4]  Campos, Miguel, FSC y Sauvage, Michel, FSC. Explicación del Método de oración de san Juan Bautista de La Salle, p. 441.[5] Papa Francisco. Soñemos juntos: El camino a un futuro mejor. Simon & Schuster, 2020, p. 51.
[6] Campos, Miguel, FSC y Sauvage, Michel, FSC. Explicación del Método de oración de san Juan Bautista de La Salle, p. 386.