El Hno. Rafael Rodríguez, del Distrito SFNO, comparte su testimonio al celebrar sus votos perpetuos y decir “sí” a Dios “para toda la vida”
“Cuando llegó el momento de profesar mis votos perpetuos, me apoyé en las personas que me rodeaban y le pedí a Dios sabiduría. Sin embargo, al final descubrí que la respuesta había estado guardada en mi corazón desde el principio”. Con estas palabras describe el Hno. Rafael Sebastián Rodríguez lo vivido el pasado 1.º de agosto, cuando realizó su Profesión Perpetua acompañado por los Hermanos del Distrito San Francisco Nueva Orleans (SFNO), familiares y amigos.
Oración y diálogo
Para llegar a la decisión de consagrarse enteramente a Dios, fue fundamental “mantener un diálogo constante por medio de la oración y de las conversaciones con mis amigos, mi familia y los Hermanos”. Por eso —continúa—, “pude decir que sí ‘para toda la vida’ porque, a través de esas conversaciones y de mi vida de oración, volvía una y otra vez a los innumerables ‘sí’ que experimentaba cada día: en mi ministerio, con mis compañeros, en comunidad y en la oración”.
El Hno. Rafael estudió en Los Ángeles, en California, en la preparatoria Cathedral High School. “Allí fue donde conocí por primera vez a los Hermanos”, recuerda. Después estudió Psicología e Historia de los Estados Unidos en La Salle University, en Filadelfia, Pensilvania.
Itinerario misionero y vocacional
¿Qué lo llevó a optar por la Vida Religiosa al estilo de La Salle? El Hno. Rafael comparte con sinceridad que “nunca tuve la intención de ser Hermano, pero hubo un momento, durante un proyecto de servicio en Haití, en el que recibí una invitación, una pregunta amable de parte de Dios: ¿qué iba a hacer con todo lo que había vivido?”.
“Descubrí que la educación era un medio por el cual las personas podían superar sus circunstancias. A través de la educación, podemos reconocer la dignidad de sus vidas y brindarles las herramientas necesarias para salir adelante”, explica. “Al final, fue gracias a esta experiencia que descubrí el ministerio educativo como vocación”.
“Después vino un periodo de discernimiento acompañado de muchas emociones, entre ellas el miedo, pero también una gran alegría”. En ese tiempo, a través del diálogo con las personas que lo rodeaban, como el capellán de la universidad, los Hermanos, los amigos y, la familia, fue clarificando el llamado que Dios le hacía a abrazar la vida consagrada como Hermano de las Escuelas Cristianas.
Formación pastoral y espiritual
“Entré al Postulantado en el otoño de 2017 y comencé a trabajar como maestro en El Paso, Texas. En 2019 ingresé al Postulantado Regional en Filadelfia y, posteriormente, entré al Noviciado el 25 de julio de 2020, en Chicago, Illinois. Antes de comenzar el Noviciado, terminé una Maestría en Estudios Pastorales en Loyola University Chicago”, continúa su relato el Hno. Rafael.
Tras profesar sus primeros votos en 2021, durante los siguientes cinco años volvió a Los Ángeles, donde trabajó como maestro en Cathedral High School, la que fuera su escuela preparatoria.
“También serví durante un año como director de Vida Espiritual y Misión de la escuela”, detalla, al compartir su alegría por haber concluido recientemente un programa de certificación en formación espiritual en Boston College.
“Al finalizar el ciclo escolar de 2026, fui nombrado nuevo director de Vocaciones del Distrito de San Francisco–Nueva Orleans”, y es desde allí donde desempeña actualmente su Misión.
El valor de la vida comunitaria
A lo largo de este inédito camino vocacional, ha sentido la presencia de Dios, de modo especial en la experiencia comunitaria: “toda la comunidad del Pueblo de Dios que me rodea, especialmente aquellas personas en quienes he confiado para que caminen a mi lado, ha desempeñado un papel decisivo en mi camino”, explicita el Hno. Rafael. “Mis encuentros con los Hermanos durante la preparatoria y la universidad, así como mis experiencias con ellos en Haití, Filipinas, la formación regional y, más recientemente, mi retiro de preparación para la profesión perpetua en Francia, me han ayudado a comprender el verdadero significado de nuestra vida en común”.
Al recordar las múltiples vivencias de vida comunitaria, manifiesta que “a pesar de nuestras distintas culturas, ministerios y generaciones, nuestro compromiso común con la educación, con nosotros mismos como Hermanos y con la formación lasallista de nuestros estudiantes y colaboradores, nos ha dado el privilegio de trabajar estrechamente con Cristo y ayudar a construir el Reino de Dios en el mundo de hoy”.
De ahí que una de sus mayores esperanzas como Hermano es que “por medio de nuestra asociación y nuestro ejemplo fraterno, podamos continuar la buena labor educativa y formativa y, sobre todo, inspirar a otros jóvenes a adoptar nuestra forma de vida como religiosos consagrados”, concluye.

* Fotos: Distrito San Francisco Nueva Orleans.