Hno. Marcelo Salami: “La espiritualidad encarnada es una fe encarnada en la historia”

Celebrar la proclamación de San Juan Bautista de La Salle como Patrono Universal de los Educadores —por el Papa Pío XII, el 15 de mayo de 1950— es una ocasión para “beber” de las fuentes de la espiritualidad lasallista donde “un elemento fundamental es la integración entre la fe y la vida” que implica “no separar nuestro estado y lo que hacemos”, como refiere el Hno. Marcelo Salami, del Distrito Brasil-Chile, en LaSalleOrg Interviews.

Espíritu de fe y de celo

“El primer principio de nuestra espiritualidad lasaliana es el espíritu de fe y celo”, continúa el religioso lasallista. Se trata de reconocer que “Dios conduce la historia” y de comprender que “Dios se manifiesta en las personas, en la comunidad, en los acontecimientos… es un Dios presente. Y por eso, tenemos en nuestra oración cotidiana del recuerdo de la presencia de Dios, porque Dios se hace presente en la comunidad, en las personas y en los acontecimientos”.

De este modo, también estamos llamados a “vivir nuestra espiritualidad desde la comunidad, el lugar donde experimentamos a Dios, donde discernimos su voluntad en el día a día, donde contemplamos su presencia”, afirma el Hno. Marcelo. 

Ello implica, además, “asumir nuestro discipulado de Jesucristo”, “la centralidad de Jesucristo y su causa”, pues “no somos seguidores de la Iglesia, ni del Instituto, sino que seguimos a la persona de Jesucristo y su mensaje, su Evangelio”, explica el religioso brasileño.

La fe tiene consecuencias

“Y, por último, yo destacaría que la espiritualidad lasallista es una fe encarnada en la historia. No es una fe abstracta, es una fe que tiene consecuencias concretas en nuestra vida, en la vida de la comunidad, en la vida de las personas. Una fe que no ignora el sufrimiento, que no ignora el dolor ni las diferentes formas de violencia… es una fe que nos mueve a dar respuestas concretas a las necesidades de las personas”. 

En una sociedad, donde muchos jóvenes y niños “viven una especie de orfandad”, el Hno. Marcelo sostiene que “como lasallistas, nuestra fe también debe llevarnos a vivir esa dimensión de la presencia del padre y de la madre, de alguna forma, en nuestras comunidades educativas”. ¡Somos padres y madres espirituales de nuestros alumnos!

¿Cómo cultivar la espiritualidad lasallista hoy? “Es importante participar en la comunidad de forma plena, quizá estar más atentos a la presencia de Dios en la comunidad (…). Y participar en las oportunidades de formación lasallista promovidas por la pastoral, incluso en algún programa de voluntariado”, sugiere el Hno. Marcelo. “Y no olvidemos: seguimos a una persona, Jesucristo, y a su mensaje que está en los Evangelios”, concluye.