Hno. Richard Böhi: 1.000 ascensos, 90 años y una vocación al servicio de la Misión Lasallista

El pasado 30 de junio, el Hermano Richard Böhi, FSC, alcanzó su ascenso número 1.000 al Chaumont, una montaña de 1.170 metros de altitud sobre la ciudad suiza de Neuchâtel. A sus 90 años, este Hermano de las Escuelas Cristianas sigue demostrando una extraordinaria vitalidad física, pero detrás de este logro deportivo hay una historia mucho más profunda: la de una vida consagrada a la educación, a la fe y al servicio de los niños y los jóvenes, vivida con la sencillez y la alegría propias del carisma lasallista.

Cada ascenso, un momento espiritual

Desde muy joven, el Hno. Richard ha disfrutado del deporte y de la bicicleta. A los 17 años decidió seguir el ejemplo de su hermano mayor e ingresar en el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Durante sus primeros años de vida religiosa dejó de lado el deporte, pero redescubrió el ciclismo al cumplir 50 años, cuando los Hermanos de su comunidad le regalaron una bicicleta. Y se lanzó el desafío de ascender desde la comunidad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Neuchâtel, donde reside, hasta la cima del Chaumont.

Desde entonces, cada salida dejó de ser únicamente una actividad física para convertirse en un momento privilegiado que le permitía de acercarse a Dios. “Cada ascenso es un momento espiritual. Cada vez que salgo en bicicleta rezo una parte del rosario. Pienso en mis amigos, en las personas que conozco y rezo por ellas”, explica el religioso lasallista. 

Durante sus recorridos, el Hno. Richard suele detenerse para fotografiar la naturaleza. “Contemplo la creación y pienso muchas veces: ¡qué bueno es Dios! Todo lo que ha creado es maravilloso: los paisajes maravillosos, las flores, los árboles”, añade.

El deporte al servicio de la Misión Lasallista

Para el Hno. Richard, el deporte nunca ha sido un fin en sí mismo, sino una manera de vivir con mayor plenitud su vocación de educador. “El deporte me hacía bien y, gracias a eso, podía enseñar mejor a los jóvenes”, recuerda. 

Convencido de que el cuidado del cuerpo fortalece también la disponibilidad para servir a los demás, considera que el ciclismo le permitió vivir con mayor alegría y cercanía la misión educativa confiada por san Juan Bautista de La Salle. “Cuando hacía deporte estaba más dispuesto a comunicar y a compartir la alegría con los jóvenes. De lo contrario, quizá habría sido simplemente un profesor que hacía su trabajo, nada más”. 


Hoy en día el Hno. Richard considera también que el deporte puede ser una herramienta para dar a los jóvenes de las periferias un acceso a la espiritualidad y al mensaje de san Juan Bautista De La Salle. 

“En mi comunidad viví verdaderamente la misión hacia las periferias, fue una parte importante de mi vida. Este es el corazón del carisma lasallista: ir hacia las periferias. Es lo que debemos seguir haciendo”, reitera el religioso, para quien la Misión Lasallista comienza siempre por el encuentro con la persona y por la capacidad de tocar su corazón.

Seguir pedaleando con la mirada puesta en Dios

Después de alcanzar los mil ascensos al Chaumont, el Hno. Richard no se fija nuevos récords. Desde que comenzó a contabilizar sus subidas en 1987, ha conquistado también decenas de veces otras montañas suizas, como el Chasseral, el Mont Vully o La Vue-des-Alpes. Pero hoy prefiere dejar el futuro en manos de Dios. “Seguiré pedaleando mientras Dios me dé salud”, afirma con serenidad.

Y si algún día pudiera compartir uno de esos recorridos con san Juan Bautista de La Salle, sabe perfectamente qué le diría: “simplemente le daría las gracias por haber fundado el Instituto y por haberme inspirado a vivir este llamado, esta vocación de Hermano de las Escuelas Cristianas”.

* Artículo escrito por Natalia Mendoza. Fotos: archivo personal.