In memoriam. Hno. Gabriel Somé (1957 – 2026)

Con profunda tristeza pero con esperanza cristiana, el Hno. Rodrigue Toeppen, Visitador del Distrito Lasaliano de África Occidental (DILAO) ha anunciado que el pasado lunes 24 de agosto de 2026, a la edad de 69 años, ha fallecido el Hno. Gabriel Somé, quien fuera Consejero General del Instituto entre 2007 y 2014, durante el segundo periodo del Hno. Álvaro Rodríguez Echeverría como Superior General.

El deceso del Hno. Gabriel se produjo a las 17:58 (hora local) en el Hospital Sauro Sanou de Bobo-Dioulasso (Burkina Faso), donde había sido ingresado el viernes 21 de agosto para recibir atención médica ante su delicado estado de salud.

“El Hermano Gabriel sirvió al Señor y al prójimo con una dedicación ejemplar, dejando huella en todos aquellos que se cruzaron en su camino por su gran humildad y su celo misionero”, ha expresado el Hno. Rodrigue a través de una carta en la que también manifiesta que “en estos momentos de duelo para nuestro Instituto, dirigimos nuestra mirada hacia Cristo resucitado. Nos atrevemos a implorar su benevolente oración por el descanso de su alma, así como su consuelo espiritual para nuestro Distrito en duelo”.

El Hno. Gabriel nació el 27 de agosto de 1957 en Dergané, en la región suroeste de Burkina Faso, en el seno del hogar de Gratien Somda y Henriette Somé. Cursó la enseñanza primaria en Tovor y realizó sus estudios de secundaria en Toussiana.

Ingresó al Noviciado de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1977. El 13 de septiembre de 1979 emitió sus primeros votos como religioso y el 29 de diciembre de 1988 profesó sus Votos Perpetuos.

Entre 1979 y 1982 vivió su etapa de formación en el Escolasticado en Sakabi. Luego, estuvo vinculado a las obras lasallistas en Uagadugú, la capital de Burkina Faso (1982 – 1986) y posteriormente viajó a Abiyán, en Costa de Marfil para cursar estudios académicos (1986 – 1990).

Durante su amplia trayectoria vocacional en su Distrito, en la Región Lasallista de África (RELAF) y en el Instituto, el Hno. Gabriel ejerció un importante liderazgo que dejó huella en diversas obras lasallistas en Toussiana y en Bobo-Dioulasso, entre otras, así como en formación de los Hermanos —fue director del Escolasticado de San Miguel, en Abiyán, entre 2000 y 2006—, en la pastoral vocacional (2006 – 2007) y en el Consejo General del Instituto durante siete años, de 2007 a 2014.

Damos gracias a Dios por la vida fecunda y el testimonio del Hno. Gabriel Somé y nos unimos espiritualmente a su familia y a los Hermanos del Distrito Lasaliano de África Occidental y de la RELAF.

Sus exequias se celebrarán el miércoles 2 de septiembre a las 10:00 a.m. en la Iglesia de San Pablo de Toussiana. Previamente tendrá lugar la vigilia fúnebre en la parroquia de Nuestra Señora del Cenáculo a partir de las 20:00 horas del martes 1.º de septiembre.

Compartimos, a continuación, el testimonio del Hno. Anatole Diretenadji, Consejero General del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Una vida entregada al Señor

La triste noticia del fallecimiento de nuestro querido Hno. Gabriel Somé nos ha sumido a muchos en una profunda tristeza. Sin embargo, más allá de este dolor, es también una ocasión para dar gracias al Señor por el precioso don de su vida: una existencia humilde y sencilla, dedicada por completo a Cristo, al Instituto y a sus Hermanos. 

Mi primer encuentro con el Hno. Gabriel se remonta a hace poco más de veinte años, cuando era director del Escolasticado de San Miguel en Abiyán. Descubrí a un hombre discreto, accesible y profundamente humano. Más tarde, cuando pasó a ser Consejero General, me invitó a incorporarme a la Oficina Regional, donde tuve la fortuna de desempeñar el cargo de ecónomo regional.

Así, trabajamos juntos durante varios años, hasta el final de su mandato. Esa colaboración profesional se fue transformando poco a poco en una auténtica amistad fraterna, que perduró mucho más allá de sus funciones oficiales.

Seguíamos en contacto regularmente y teníamos el placer de vernos casi cada vez que viajaba a Burkina Faso, sobre todo durante la Conferencia o en mis visitas al Noviciado. Esos encuentros siempre estaban marcados por la sencillez, la fraternidad y la calidez.

Con el Hno. Gabriel, solía haber una broma, un toque de humor, una sonrisa o una pequeña anécdota para crear un ambiente distendido. Le gustaba hacer reír y bromear. Pero esa sencillez nunca era superficial. Detrás de su humor se escondía una gran profundidad humana, una fe sólida y un compromiso inquebrantable con su vocación de Hermano.

El Hno. Gabriel asumía grandes responsabilidades sin ponerse nunca en primer plano. Siempre se mostraba accesible, cercano a los demás y rebosante de fraternidad. Incluso ante las dificultades o las pruebas, se esforzaba por mantener la calma, la dignidad y el optimismo. Es esta actitud la que ha marcado profundamente a todos aquellos que tuvieron la suerte de conocerlo. Para muchos, era un hermano, un amigo, un auténtico compañero de camino. Para mí, también representaba a un mayor y un modelo a seguir. 

Su trayectoria —director del Escolasticado, Consejero General, Hermano en comunidad y director de centro— ilustra una vida dedicada al servicio de Cristo y del Instituto. Recuerdo especialmente mi último encuentro con él, en abril de 2026, en Bobo, en su habitación del hospital. A pesar de la enfermedad, el Hno. Gabriel seguía manteniéndose erguido. Podía responder, reaccionar, intercambiar opiniones y participar en la conversación con esa sencillez que tan bien le caracterizaba. Hablamos como siempre habíamos hecho, sin saber que sería nuestra última conversación. Doy gracias al Señor por esta última oportunidad de volver a verlo, de hablar con él y de compartir un último momento de fraternidad con él.

Las palabras de san Pablo: “Me he hecho todo para todos” (1 Co 9,22) resuenan profundamente en el testimonio de su vida. Con su sencillez, su disponibilidad, su humor, su fraternidad y su compromiso, el Hno. Gabriel supo acercarse a cada persona. Dio mucho, sin buscar nunca destacar. Su partida deja un vacío inmenso en el seno de nuestra familia religiosa y en el corazón de todos aquellos que tuvieron la suerte de conocerlo. Pero una vida consagrada a Cristo no se apaga. Sigue dando frutos a través de las personas con las que se encontró, las comunidades a las que sirvió, los jóvenes a los que acompañó y los Hermanos a quienes animó.

El Hno. Gabriel dedicó su vida a Cristo. Estoy convencido de que el Señor, a quien sirvió y amó con tanta fidelidad, lo acoge ahora junto a Él, y que su vida encuentra su plenitud en este encuentro con su Señor y en la paz eterna.

Querido Hermano Gabriel: gracias por tu fraternidad, tu humildad, tu sonrisa y tu testimonio de fidelidad. Gracias por todo lo que has significado para tantos Hermanos y para nuestro Instituto. Has combatido la buena batalla, has completado tu carrera, has guardado la fe. Aunque tu camino entre nosotros llega a su fin, el testimonio de tu vida perdura.

Descansa en paz, querido Hermano Gabriel.

Hno. Anatole Diretenadji