La Asociación para la Misión en el Distrito Arlep: experiencia comunitaria y compromiso con las periferias
El 46.º Capítulo General de los Hermanos de las Escuelas Cristianas reconoció que “para la Familia Lasaliana, el itinerario fecundo y profético de la Asociación para la Misión se desarrolla en diversas expresiones y características”. Asimismo, “la Asociación para la Misión nos urge a ampliar la expresión de las experiencias comunitarias, enriquecer nuestra espiritualidad vivida y ampliar los límites de nuestra Misión”.
En el caso del Distrito Arlep (La Salle en España y Portugal) y a partir de su rica trayectoria de Asociación Lasaliana, son muchas y muy variadas las experiencias de vida comunitaria y de compromiso con los niños y jóvenes más vulnerables desde el carisma Lasaliano.
“Soy asociada desde hace 16 años y formo parte de la comunidad de Premià de Mar”, comenta Núria Rius Balet, al recordar que “cuando llegué a La Salle, sentí que no era solo un trabajo, sino que era un modo de vivir la educación y la Misión Compartida. La comunidad de Hermanos me acogió con mucha cercanía y esa experiencia dejó huella en mí”.
Acompañar el duelo
Actualmente, la Comunidad de Premià de Mar está compuesta por ocho personas laicas que se encuentran periódicamente “para orar, compartir vida y fortalecernos para acompañar”. Concretamente, en el caso de Núria, la muerte de su hija la llevó, junto con su esposo, a impulsar “una fundación dedicada al acompañamiento al duelo de familias, y en especial de niños, niñas y jóvenes”.
Con la mirada puesta en Dios y en los demás
En el caso de María del Carmen Jiménez y Manuel Castro Cortés, de la Comunidad de Sanlúcar de Barrameda, su compromiso lasaliano también los ha acercado a las necesidades de los niños y jóvenes de hoy, a poner la mirada en las periferias. “Estamos casados y asociados a la Misión de La Salle. Como matrimonio, estar asociados enriquece nuestro proyecto familiar y nos abre el horizonte para vivir, no solo referenciados a nosotros mismos, sino con la mirada puesta en Dios y en los demás”, comentan.
La comunidad es el pilar
En la Comunidad Salduba, en Zaragoza, José Alberto Salvador está convencido de que este compromiso parte de una certeza sencilla y profunda: “la comunidad es un pilar fuerte”, explica, pues al vivir la Asociación “descubres que uno no puede caminar solo (…). Entonces es una especie de red invisible que nos une a todos, Asociados y Hermanos, para la Misión”.
“En el día a día, la realidad de la Asociación toma sentido en la comunidad”, continúa José, “y ahí, en lo sencillo, es donde reconocemos a Dios vivo entre nosotros, en los rostros de cada uno de los miembros de la comunidad. Y entendemos que la misión solo tiene sentido cuando se encarna en lo común, en lo compartido, en lo vivido juntos”.
“Ser Asociado, pues, en el fondo, es vivir con la alegría serena y saberse acompañado, caminar junto a otros y hacia un horizonte que nos une y que nos trasciende”, concluye José Alberto Salvador.