Papa León XIV: “Que callen las armas y cambien los corazones”

“¡Que quienes empuñan las armas las depongan! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras elijan la paz! ¡No una paz forjada por la fuerza, sino por el diálogo! ¡No por el deseo de dominar a los demás, sino por el encuentro!”. El Papa León XIV no grita, no alza la voz; su voz permanece firme mientras pronuncia su mensaje de Pascua “Urbi et Orbi” desde el balcón central de la Basílica Vaticana, durante el cual anuncia una Vigilia de Oración por la Paz en la Basílica de San Pedro el 11 de abril.

Conversión a la paz

Una vez más, desde el mismo balcón donde hace aproximadamente un año se presentó al mundo, haciendo un llamado a una “paz desarmada y que desarme”, en la mañana de Pascua, cuando incluso el cielo despejado y soleado parece celebrar la Resurrección, el Papa León XIV implora nuevamente la paz, una “conversión” a la paz. No solo acciones, no solo acuerdos o palabras, sino una paz que nace del corazón y florece desde allí. “La paz que Jesús nos da no es una que simplemente silencia las armas, ¡sino una que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros! ¡Convirtámonos a la paz de Cristo! ¡Hagamos oír el clamor de paz que brota del corazón!”.

Por esta razón, el Papa invita a todos —fieles y no creyentes— a unirse a él en la Vigilia de Oración por la Paz que se celebrará en la Basílica Vaticana el próximo sábado 11 de abril. Este evento da continuidad al que tuvo lugar el 11 de octubre de 2025, cuando el Pontífice presidió un momento de oración y reflexión por la paz en la Plaza. La vigilia del sábado es también una oportunidad para no bajar la guardia y no caer víctimas de la “globalización de la indiferencia” denunciada constantemente por el Papa Francisco, quien hace exactamente un año, “desde esta logia”, recuerda León, “dirigió sus últimas palabras al mundo, recordándonos: ¡Cuánto deseo de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo!”.

“Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes a la muerte de miles de personas. Indiferentes a las consecuencias de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes a las repercusiones económicas y sociales que producen, y que todos sufrimos”, ha dicho León XIV.

Pascua, la victoria sobre la muerte

El Papa señala el camino: Cristo. El Domingo de Pascua celebramos su victoria: la victoria “de la vida sobre la muerte, de la luz sobre la oscuridad, del amor sobre el odio”, subraya. Una victoria “a un precio muy alto” con la muerte del Hijo de Dios en la cruz, quien “tomó sobre sí el pecado del mundo y así nos liberó a todos, y con nosotros a la creación, del dominio del mal”. Pero, ¿cómo venció Jesús? “Cristo, nuestro ‘Rey victorioso’, luchó y venció su batalla con una entrega confiada a la voluntad del Padre, a su plan de salvación”, afirma el Pontífice.

“La fuerza con la que Cristo resucitó es totalmente no violenta”. Es similar al de un grano de trigo que, tras pudrirse en la tierra, “crece, rompe los terrones, brota y se convierte en una espiga dorada”. Y se asemeja aún más al de “un corazón humano que, herido por una ofensa, rechaza el instinto de venganza y, lleno de compasión, ora por quien lo ha ofendido”.

Esta es “la verdadera fuerza que trae paz a la humanidad”, porque genera relaciones respetuosas en todos los niveles: entre individuos, familias, grupos sociales y naciones. No es una fuerza que “busca intereses particulares, sino el bien común”, subraya el Papa León; “no pretende imponer su propio plan, sino ayudar a planificarlo e implementarlo junto con los demás”. Sí, “la resurrección de Cristo es el comienzo de una nueva humanidad” y “nos sitúa aún con mayor fuerza ante el drama de nuestra libertad”. En efecto, ante el sepulcro vacío, podemos llenarnos de “esperanza” y “asombro”, como los discípulos, o de “miedo2, como los guardias y fariseos, obligados a mentir antes que reconocer que aquel que había sido condenado ha resucitado verdaderamente.

Abandonar todo deseo de dominación y poder

“La cruz de Cristo siempre nos recuerda el sufrimiento y el dolor que rodean a la muerte y el tormento que conlleva. Todos tememos a la muerte, y por miedo apartamos la mirada, prefiriendo no mirarla. ¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡Y no podemos resignarnos al mal!”, afirma León XIV.

“En esta fiesta, abandonemos todo deseo de contienda, dominación y poder, e imploremos al Señor que conceda su paz a un mundo asolado por la guerra y marcado por el odio y la indiferencia que nos hacen sentir impotentes ante el mal”.

Finalmente, como en Navidad, León pronuncia el deseo de una feliz Pascua en diez idiomas diferentes: italiano, francés, inglés, alemán, español, portugués, polaco, árabe, chino y latín.