Vida consagrada: presencia «que permanece junto a los pueblos y a las personas heridas»

Con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada celebrada este 2 de febrero, en la Fiesta de la Presentación del Señor, Sor Simona Brambilla, MC, Prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, ha compartido un mensaje a todos los consagrados del mundo para expresar su “agradecimiento por su fidelidad al Evangelio y por el don de una vida que se convierte en semilla esparcida en los surcos de la historia (…), vivida siempre como signo de esperanza”.

Al reconocer la valiosa presencia de la vida consagrada en “contextos marcados por conflictos, inestabilidad social y política, pobreza, marginación, migraciones forzadas, minorías religiosas, violencia y tensiones que ponen a prueba la dignidad de las personas, la libertad y, a veces, la propia fe”, Sor Simona también subraya “cuán fuerte es la dimensión profética de la vida consagrada como «presencia que permanece» junto a los pueblos y a las personas heridas, en lugares donde el Evangelio se vive a menudo en condiciones de fragilidad y prueba”.

Fidelidad y creatividad

“Este «permanecer» —continúa la Prefecta del Dicasterio para la Vida Consagrada— asume diferentes rostros y esfuerzos, porque diversas son las complejidades de nuestras sociedades”. Aun cuando la vida cotidiana está marcada por fragilidades institucionales e inseguridad, la vida consagrada está presente “allí donde las minorías religiosas viven presiones y restricciones; allí donde el bienestar convive con soledades, polarizaciones, nuevas pobrezas e indiferencia; allí donde las migraciones, las desigualdades y la violencia generalizada desafían la convivencia civil”.

Se trata, por tanto de una presencia “fiel, humilde, creativa y discreta se convierte en un signo de que Dios no abandona a su pueblo”.

Una paz desarmada y desarmante

“Sigamos construyendo la paz con estas actitudes a menudo humildes, ocultas y silenciosas, pero constructivas; una paz que se teje artesanalmente; una paz desarmada y desarmante, como el Santo Padre nos señala y nos anima continuamente a vivir”, agrega Sor Simona. “Cuando la vida consagrada permanece junto a las heridas de la humanidad sin ceder a la lógica del enfrentamiento, pero sin renunciar a proclamar la verdad de Dios sobre el hombre y la historia, se convierte —a menudo sin ruido— en artífice de paz”.

El mensaje del Dicasterio para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica concluye con la promesa de encomendar al Señor a todos los consagrados del mundo “para que los fortalezca en la esperanza y los haga mansos de corazón, capaces de permanecer, de consolar y de recomenzar, y para que sean así, en la Iglesia y en el mundo, profecía de la presencia y semilla de paz”.