Tras el Capítulo para la unificación de los dos Distritos en Italia, cuando en junio de 2003 nació el nuevo Distrito de Italia, se inició un proceso de discernimiento gracias al cual fue posible inaugurar la primera comunidad religiosa en Scampia, en la periferia norte de la ciudad de Nápoles, para dedicarse a los pobres y marginados.
En 2007, los Hermanos Raffaele Lievore y Enrico Muller, del Distrito de Italia, junto con el Hermano Martin Salvador, del entonces Distrito de Valencia-Palma, comenzaron aquí su misión educativa.
«El espacio educativo, cedido en uso por el Ayuntamiento de Nápoles, fue bautizado como CasArcobaleno (Hogar Arco Iris) para que pudiera formar parte de la realización del sueño de Dios, que es hacer hogar, y de su deseo de alianza perenne con cada niño y cada persona», cuenta el Hno. Enrico, uno de los iniciadores históricos del proyecto.
CasArcobaleno es un espacio educativo lasaliano, animado por la Cooperativa Occhi Aperti, fundada por los Hermanos y algunos educadores napolitanos, donde desde 2007 se vive la experiencia de un proyecto de escuela de segunda oportunidad llamado «IO VALGO» (YO VALGO). «Este proyecto permite a algunos jóvenes adolescentes, identificados y enviados por sus escuelas, convertirse en protagonistas de un itinerario educativo y formativo para retomar las riendas de su vida y ser acompañados en la construcción de un futuro plenamente humano», continúa el Hno. Enrico.
Pero CasArcobaleno es también un lugar para niños y jóvenes que asisten a la escuela y que cada tarde lo viven como un espacio de encuentro, de juego, de estudio, de tiempo en familia y de paz. Incluso antes de su inauguración, CasArcobaleno ya había comenzado a acoger a voluntarios. El primero fue un grupo Scout de Milán, cuya fundación se remonta al Hermano Michele Carena.
Además, CasArcobaleno es un taller artístico donde, desde 2009, gracias a Antonella Prota Giurleo, se celebra el simposio internacional de arte de Scampia, que acoge cada año a casi una decena de artistas «dispuestos a vivir una semana dedicada al arte para sembrar belleza en los corazones de las personas y en todo el barrio», dice el Hermano Enrico.
Entre las paredes pintadas de naranja y violeta hemos experimentado, como dice el Papa León en Dilexi Te, que «el amor cristiano hace milagros, no tiene límites: es para lo imposible» (DT 120). En esta Casa se han sucedido sobre todo lasalianos procedentes de todo el mundo, parroquias, grupos misioneros y scouts, pero también escuelas públicas, y «todos logran captar la profundidad de las experiencias que se pueden vivir en ella para ser brotes de paz: experiencias de servicio a los niños y jóvenes napolitanos, así como a la comunidad romaní»—cuenta el Hermano, entusiasmado con todo lo que se ha hecho y lo que aún se hará en esta estructura—«momentos de comunidad, donde las relaciones se viven sin máscaras, con sobriedad y sencillez, por un mundo más justo y en comunión; espacios de fe para que se comparta el Evangelio y Dios esté presente junto a cada uno por una Iglesia inclusiva».
CasArcobaleno, entre edificios de hasta 13 plantas, a pesar de ser pequeño, ayuda a encontrar a un Dios diferente, el Dios que se hace carne en los pequeños y los pobres, el Dios de las promesas que «no romperá la caña quebrada, ni apagará la mecha que arde débilmente» (Isaías 42,3) para que todos, aunque estén heridos, «alcancen la salvación», como dice La Salle, es decir, para que se sientan acogidos, acompañados, amados y puedan reanudar con confianza y esperanza su camino, ya no en solitario.
«Podemos decir entonces, concluye el Hno. Enrico Muller, que CasArcobaleno es en realidad un pozo donde quien tiene sed puede venir a saciarse en la fuente de agua que es Dios, que nos ha prometido vida y vida en abundancia para “todos, todos, todos” siempre».

