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El Papa León XIV se reunió este sábado 10 de enero de 2026 con miles de adolescentes y jóvenes de la diócesis de Roma en el Aula Pablo VI. 

A los jóvenes reunidos en la Plaza de San Pedro les recordó que “cuando estamos unidos no hay dificultad que no podamos superar”, y los animó a no dejarse vencer por la soledad: “estar solos muchas veces es sufrir, pero cuando estamos con los amigos, con la familia, con quienes nos aman, podemos seguir adelante”.

De la soledad a la fraternidad

Al ingresar al Aula Pablo VI, el Santo Padre fue recibido con inmensa algarabía. En su reflexión, el Pontífice abordó con franqueza la experiencia de aislamiento que viven muchos jóvenes. Habló de “delusión, desconcierto y aburrimiento” y advirtió que hoy se puede estar solo incluso “en medio de muchas personas”, cuando faltan relaciones verdaderas. “Una vida de ‘links’ sin relaciones o de ‘likes’ sin afecto nos desilusiona”, aseguró, recordando que el ser humano está hecho “para la verdad y para el bien”.

Frente a ese escenario, invitó a no encerrarse en sí mismos: “cada uno permanece solo cuando mira únicamente a sí mismo. En cambio, acercarse al prójimo te hace imagen de lo que Dios es para ti”. Así, dijo, los jóvenes están llamados a convertirse en “buscadores de comunión y de fraternidad”, capaces de llevar esperanza allí donde hay heridas y exclusión.

Una fe que transforma la vida

León XIV resaltó que el encuentro con Jesucristo es la fuente de toda renovación personal y social: “es de este encuentro con Jesús de donde viene la fuerza para cambiar la vida y transformar la sociedad”. La luz del Evangelio, añadió, “ilumina nuestras relaciones” y hace posible que un mundo “gris y anónimo” se convierta en un espacio verdaderamente humano, porque está habitado por Dios.

El Papa también explicó que su mayor deseo para ellos es que vivan “una vida buena y verdadera según la voluntad de Dios”, es decir, “una vida santa”. Recordó que “santa” y “sana” comparten la misma raíz, y exhortó a los jóvenes a cuidarse unos a otros y a resistir las dependencias y situaciones que dañan la vida. “El que vive con Dios vive de verdad”, precisó.

La oración y la amistad que cambian el mundo

Como camino concreto para romper las cadenas del vacío y de la indiferencia, León XIV indicó la oración: “es el acto más concreto que el cristiano puede hacer por el bien de los demás y del mundo”. La Eucaristía, la Palabra de Dios y la vida de oración, explicó, encienden el fuego que permite ser “luz del mundo y sal de la tierra”.

Retomando sus palabras de la Vigilia del Jubileo en Tor Vergata, recordó que “la amistad con Cristo es nuestra estrella polar” y que, cuando las amistades reflejan ese vínculo, “se vuelven sinceras, generosas y verdaderas”. De ese modo, remarcó, “la amistad puede realmente cambiar el mundo y convertirse en camino de paz”.