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El Triduo Pascual nos invita a transitar por un camino de reflexión, contemplación y renovación, que encuentra su plenitud en el amor de Jesús por la humanidad. Entre tantas posibilidades de profundizar en el misterio Pascual, también es posible abordar una mirada lasallista. En este itinerario de fe, estamos invitados a profundizar en los valores que hacen parte de nuestro ADN Lasallista: fe, fraternidad, servicio, justicia y compromiso.

En el Jueves Santo, celebramos la fraternidad y el servicio. Reunido con sus discípulos en la Última Cena, Jesús realiza un gesto profundamente simbólico al lavar los pies de cada uno, enseñándonos que servir es la máxima expresión del amor y convocándonos a vivir una espiritualidad encarnada y priorizando el cuidado del otro. En la fracción del pan y en la imagen de la vid y los sarmientos, refuerza la importancia de la comunión y de la unidad para dar frutos. Así también la comunidad educativa lasallista es invitada a vivir la fraternidad y la comunión en la vida comunitaria y en la misión.

En el Viernes Santo, contemplamos el compromiso llevado hasta sus últimas consecuencias. Frente al dolor y a la cruz, Jesús permanece fiel a su misión salvífica. Su sacrificio revela que el compromiso cristiano implica un camino que no es fácil, por el contrario, es un itinerario atravesado por dificultades que nos desafían a ser fieles hasta el final, con la mirada puesta en Dios, como nos enseñó san Juan Bautista de La Salle al pronunciar, el día de su muerte, un Viernes Santo, sus últimas palabras: “Adoro en todo la voluntad de Dios para conmigo”. En Cristo, aprendemos que nuestros sufrimientos también pueden ser expresión de entrega y fidelidad a un propósito mayor.

El Sábado Santo está marcado por el silencio y la espera. Es el tiempo de la fe que sostiene, incluso ante las circunstancias más adversas. Como discípulos de Jesús mantenemos viva la esperanza en su promesa. La fe nos sustenta en tiempos de incertidumbre, fortaleciendo la confianza en Dios y renovando la esperanza en el Dios de la vida.

En el Domingo de Pascua, celebramos la justicia divina que se manifiesta en la victoria de la vida sobre la muerte. La resurrección de Jesús confirma que el amor es más fuerte que cualquier injusticia. Dios, en su justicia, tiene la última palabra y la muerte se transforma en celebración de vida nueva, de esperanza renovada y de la certeza de que el bien triunfa.

Al contemplar este camino pascual, recordamos que “todo está conectado”. Los frutos de la Pascua se manifiestan en cada vida transformada por la educación. Educar, especialmente a los pobres y a los más vulnerables, es un acto concreto de fe, fraternidad, servicio y justicia.

Que esta Semana Santa sea, para toda la Familia Lasallista, un tiempo de renovación interior y compromiso con la misión. Caminamos hacia la Pascua. 

¡Feliz Pascua!