El pasado 3 de febrero, durante el programa de radio de Radio Vaticana (Vatican News) ‘Dritti al cuore’ (Directo al corazón), presentado por Don Andrea Vena, varios testigos, como el Hermano Enrico Muller, la profesora Silvia Pollato, el profesor Vincenzo Rosati y Riccardo Gamaleri, estudiante del “Istituto Gonzaga” de Milán, contaron la historia, la vida y el carisma de Juan Bautista de La Salle.
El hilo conductor de todo el especial es la capacidad de transformar la educación en una misión de amor y redención social. Es una entrevista que devuelve la imagen de un Señor de La Salle extremadamente moderno, no como una figura polvorienta del pasado, sino como un mentor espiritual y educativo para el presente.
Las intervenciones recogidas no se limitan a describir un método pedagógico, sino que dan testimonio de una experiencia de vida que involucra a todos los niveles de la comunidad escolar.
Para comprender plenamente el alcance de esta misión, es necesario remontarse al origen de esa chispa que, hace más de tres siglos, “empujó a un joven canónigo de Reims a renunciar a sus privilegios para convertirse en ‘hermano’ de los más desfavorecidos”. Nos guía en este viaje el Hermano Enrico Muller, que con su testimonio abre el círculo de intervenciones. En sus palabras, el legado de Juan Bautista de La Salle emerge no como un conjunto de reglas, sino como una elección de vida radical: la de transformar la educación en un acto de pura salvación, devolviendo a cada niño la conciencia de su infinito valor. “La educación que se le da a un niño lo salva”, pensaba De La Salle, “que estaba firmemente convencido de ello”, sostiene el Hermano Enrico, “un hombre que sabe leer, escribir y hacer cuentas puede todo en la vida”.
A la voz del Hno. Enrico se une la de la profesora Silvia Pollato, profesora de tecnología informática en el “Istituto San Giuseppe” de Milán, así como referente de la comisión pastoral, que se encarga de coordinar las actividades espirituales y los valores cristianos que están en el centro del carisma de san Juan Bautista de La Salle.
Don Andrea Vena le pregunta cómo se traduce el carisma del Fundador en el ámbito escolar. “Es esencial la frase que La Salle dirige a los educadores: ‘Considerad a los niños de los que os ocupáis como hijos de Dios mismo; cuidad de ellos más de lo que lo haríais de los hijos de un rey’”.
Silvia Pollato explica que el método lasaliano está lejos de ser obsoleto. Se basa en tres pilares que ella, como todos los demás profesores, vive a diario en su escuela: la fraternidad, es decir, la idea de que nunca se educa solo, sino como “comunidad educativa” (profesores, Hermanos y familias juntos). La inclusión: es decir, la atención personalizada a cada alumno, especialmente a los que tienen más dificultades, y el concepto de la escuela como “hogar”: un lugar donde el niño se siente acogido y querido, condición necesaria para que pueda aprender.
“Para nosotros, esto es hacer pastoral. Queremos suscitar en los educadores, al igual que en los jóvenes, un espíritu crítico y una capacidad de lectura diferente. En cada institución hay una comunidad que, hasta hace 40 años, estaba compuesta solo por hermanos, pero que hoy en día también está abierta a los laicos. Yo personalmente, después de cuarenta años de enseñanza, trato de transmitirles la alegría de aprender y de compartir siempre con los demás”.
Hablamos de formación, pero sobre todo de atención a los más desfavorecidos, con el profesor Vincenzo Rosati. De hecho, fuera del aula, él mira más allá, aportando su experiencia de voluntariado en diferentes partes del mundo, “donde he podido experimentar personalmente el sentido de pertenencia al carisma y a la misión lasaliana vividos en toda su integridad, junto con una apremiante demanda de fraternidad”. Rosati establece una distinción fundamental para nuestros tiempos: si antes el reto era luchar contra la miseria geográfica y material, hoy la verdadera urgencia es combatir las ‘periferias existenciales’. En sus palabras, el carisma de La Salle se convierte en una herramienta para llenar los vacíos de sentido de los jóvenes de hoy, estén donde estén.
Por último, el testimonio de Riccardo Gamaleri, estudiante de 17 años del ‘Istituto Gonzaga’ de Milán, es quizás el más fresco y directo, ya que representa al destinatario final de esta misión educativa. Reitera el sentido de pertenencia y describe la escuela no como un edificio, sino como una familia. Cuenta cómo se siente escuchado como persona y también, y sobre todo, gracias a las actividades de voluntariado y servicio junto a los demás y para los demás, a través del Movimiento Juvenil Lasaliano (MGL por sus siglas en italiano). Riccardo explica que la enseñanza de La Salle llega a través del ejemplo diario de sus profesores, que transmiten valores de solidaridad y respeto, ayudándole a crecer no solo como estudiante, sino como ciudadano consciente.
“Aún hoy, unos tres mil Hermanos en todo el mundo, junto con muchos laicos y laicas (entre cristianos, musulmanes, budistas, hindúes) y asociados al Instituto, trabajan con dedicación en más de 1200 centros educativos repartidos por todo el mundo, en una actividad socioeducativa que ya supera los trescientos años de historia, y donde se sigue siendo impactado por la miseria humana y espiritual de los niños y jóvenes”, expresa el Hno. Enrico Muller.
En definitiva, lo que se desprende de los cuatro testimonios es que la herencia de san Juan Bautista de La Salle sigue siendo una obra en progreso. Desde la vocación del Hermano Enrico hasta los retos existenciales planteados por el profesor Rosati, desde la pasión educativa de la profesora Pollato hasta la mirada confiada de Riccardo, el hilo conductor sigue siendo el mismo: dignificar la vida. Un compromiso que hoy en día ya no pasa solo por los libros, sino por la capacidad de escuchar esas ‘nuevas miserias’ interiores y transformarlas en esperanza. Porque, “ayer como hoy, educar no es solo transmitir conocimientos, sino permitir que cada joven sienta que su vida tiene un valor infinito”, concluye el Hno. Enrico.

