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“Conexión La Salle” es una serie multimedial para conectar a la Familia Lasallista con algunos hechos históricos que continúan inspirando a los lasallistas de hoy.

En este episodio de Conexión La Salle vamos a conversar sobre cómo nuestro Padre vivió una larga crisis en su vida.

Entre 1713 y 1714, La Salle experimentó una aguda crisis; no solo de lo que hacía, sino de su propia persona; una crisis espiritual. Los biógrafos dan cuenta de esto y Jean Bautista Blain, uno de los primeros, dice que cien veces la obra estuvo en vísperas de desaparecer, de caer.

Los problemas tenían distintos orígenes. Por un lado, los problemas con los gremios de los maestros, que tenían el monopolio de las escuelas de pago; y que la presencia de estas escuelas gratuitas que no hacían distinciones entre quiénes eran sus alumnos, les producía un problema económico. Desde su llegada a París, La Salle tuvo muchos problemas con ellos, y más de tres veces fueron a parar a los tribunales.

Como La Salle no tenía una autorización para existir como ‘cuerpo’, como organización, con sus maestros, esto generaba otro problema, porque necesitaba continuamente el apoyo de algún párroco, de algún obispo, o de alguna organización que le diera sus autorizaciones para poder trabajar.

La Salle buscó distintas fórmulas durante este tiempo con alguna otra comunidad de sacerdotes que pudiera apoyarlo, porque el otro problema —origen de esta crisis que él va a vivir— tiene que ver con el hecho de que esta comunidad fuera solo de laicos y no tuvieran un sacerdote a cargo. Para la eclesiología de aquel tiempo, esto era inconcebible.

El colmo de este problema vino a raíz de dos asuntos particulares que le llevaron a traiciones de algunos amigos suyos. Por un lado, un juicio que se hizo con la familia Clement, un joven sacerdote que había prometido parte de su herencia para formar un seminario de formación de maestros, y que su padre luego no lo permitió y le entabló un juicio al Fundador en el cual un amigo suyo escribano, un tal Rogier, se puso de lado de la familia Clement y no del lado del Señor de La Salle, lo cual le produjo una grave situación de malestar, de sentirse traicionado.

Lo mismo sucedió con el Hermano Vuyart, uno de los tres que habían hecho con La Salle el ‘Voto Heroico’ y que, a la hora de uno de estos juicios que perdía el Señor de La Salle, por defender la obra educativa en la que estaba trabajando, decidió dejar de ser Hermano y decir que no tenía ninguna relación con el Señor de La Salle.

Todas estas traiciones le fueron llevando a convencerse de que el obstáculo para que la obra progresase era su persona. Y entonces en 1712 decidió emprender un largo camino hacia el sur de Francia. Allí había varias comunidades y obras que quería visitar, y empezó a visitarlas. Pero resulta que en el sur de Francia los jansenistas tenían un desarrollo importante.

El sur de Francia, que hasta no hacía mucho había sido independiente del norte de Francia, tenía una resistencia al rey y al centralismo de París que contagió en cierto modo a la presencia del Señor de La Salle, que además manifestaba permanentemente su anti-jansenismo.

Esto produjo revueltas de los Hermanos, rechazo de los Hermanos —incluso en una comunidad no le permitieron dormir en la casa—, problemas con los novicios, problemas con los sacerdotes, que generaron problemas con el obispo.

En fin, una serie de inconvenientes que lo fueron convenciendo de que él era el problema. Y le sobrevino la tentación de ponerse completamente al margen de lo que había creado, de encerrarse en una cartuja, o de refugiarse en una ermita en un lugar que se llama Parmenia.

No hay que pensar en esta crisis como algo que lo llevara a la inmovilidad, porque si en 1703 había habido 23 iniciativas escolares, para el año 1714 las iniciativas son ya 53. No todas permanecían durante mucho tiempo; algunas tenían poca duración. Pero el empuje creativo del Señor de La Salle y de sus Hermanos continuaba.

Al mismo tiempo continuaba la publicación de libros. La Salle era una persona en búsqueda, no una persona quieta. Durante toda esta crisis, él se va a sostener en la fe, en el creer que “esta es la obra de Dios”, por más dudas que tenga, en la esperanza que se basa en la memoria de que Dios ha estado con él. Y en el amor.

Va a encontrar en el Hermano Jean Jacort, en su comunidad en Grenoble, en la presencia de una persona que conoce y que puede ser, según él un gran Hermano, el Hermano Ireneo, y en una mujer que lo encuentra en la colina de Parmenia, y le da su consejo, sor Louise. Es esta relación la que lo sostiene. La relación con Dios y la relación con aquellos que le manifestaban su apoyo.

Finalmente, la carta que los Hermanos de París le envían en 1714 terminará de confirmar no solo su pertenencia a esta comunidad, sino su rol de Padre. Pero eso ya es otra historia.

En los próximos episodios seguiremos compartiendo otros momentos significativos de la vida y obra de San Juan Bautista de La Salle. Puedes encontrarlos en www.lasalle.org y en nuestras redes sociales.