Los participantes en el Programa Roma 2026, el Programa Internacional de Liderazgo Universitario Lasallista coordinado por la Asociación Internacional de Universidades Lasallistas (IALU), fueron recibidos el 2 de junio en el Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano por el Cardenal José Tolentino de Mendonça y los miembros de su equipo.
El encuentro reunió a 46 líderes universitarios y educadores de 30 instituciones de 14 países —uno de los grupos más amplios en la historia del programa— para un diálogo sustantivo sobre el papel de la educación superior católica y lasallista en un mundo crecientemente moldeado por la inteligencia artificial.
Compromiso con los más necesitados
El Cardenal Tolentino abrió el encuentro reconociendo la contribución histórica y continua del movimiento lasallista a la educación en todo el mundo. Subrayó que la comunidad lasallista global ocupa un lugar distintivo y valorado en la misión educativa de la Iglesia, y que su experiencia colectiva, su alcance y su carisma la posicionan para realizar contribuciones indispensables al discurso más amplio sobre el futuro de la educación. Las palabras del Cardenal fueron recibidas como un reconocimiento no solo del tamaño de la red, sino de la profundidad de su compromiso con los más necesitados.
En un momento que resonó profundamente entre los presentes, el Cardenal Tolentino transmitió un mensaje especial a la Universidad de Belén, la institución lasallista que sirve a los estudiantes en Cisjordania. Reiteró que el Dicasterio para la Cultura y la Educación está listo para brindar acompañamiento a la Universidad de Belén en cualquier forma que sea necesaria, un gesto de solidaridad que subrayó el compromiso de la Iglesia con la presencia de la educación —y la esperanza— en uno de los contextos más difíciles del mundo.
Colocar la dimensión humana en el centro
La conversación giró luego en torno a una de las preguntas más urgentes que enfrentan las universidades hoy: el auge de la inteligencia artificial y sus implicaciones para la misión de la educación superior. El Cardenal Tolentino ofreció una visión de la educación arraigada en el desarrollo integral de la persona humana, advirtiendo contra la reducción del aprendizaje a la eficiencia tecnológica. En una era de IA acelerada, subrayó, las instituciones de educación superior deben resistir la tentación de sustituir la humanidad con inteligencia artificial, y en cambio colocar la dimensión humana de la educación en el centro mismo de su misión.
Los participantes y los representantes vaticanos abordaron las profundas disrupciones que la IA está generando en los mercados laborales, señalando que muchos empleos pueden volverse obsoletos y que las universidades tienen la responsabilidad de ayudar a los estudiantes a anticipar y navegar estas transformaciones, no solo a reaccionar ante ellas.
Reducir las desigualdades globales
Un tema recurrente fue la equidad. El Cardenal Tolentino y su equipo enfatizaron que la tecnología no es intrínsecamente dañina, pero que la pregunta crítica es cómo se usa y para quién. La educación, coincidió el grupo, tiene un papel decisivo en garantizar que la IA y otras herramientas emergentes sirvan para reducir las desigualdades globales y apoyar el desarrollo de los países y comunidades más necesitados, en lugar de concentrar aún más las ventajas entre quienes ya las poseen.
El diálogo también se orientó hacia la vida interior de los estudiantes. Junto con el auge de la IA, los participantes reconocieron un aumento paralelo y preocupante de los problemas de salud mental entre los jóvenes —un recordatorio de que la conexión humana, la experiencia vivida y las relaciones genuinas no pueden ser delegadas a los algoritmos. Las universidades católicas y lasallistas, se señaló, están en una posición única para sostener ese espacio.
Un llamado a la paciencia y a la profundidad
El Cardenal Tolentino concluyó con un llamado a la paciencia y a la profundidad. Mientras la IA acelera el ritmo del cambio, la educación debe desacelerarse —haciendo espacio para la reflexión, la experimentación y el crecimiento. “La educación es como plantar una semilla”, observó: una vez plantada, hay que dejar que el tiempo siga su curso. Las universidades, instó, deben ser lugares donde los estudiantes aprendan no solo a usar tecnologías poderosas, sino a pensar con cuidado, actuar con responsabilidad y mantenerse plenamente humanos al hacerlo.
El Programa Roma, en su edición 2026, está diseñado para fortalecer la identidad lasallista y la capacidad de liderazgo de administradores y docentes universitarios de toda la red global. La visita al Dicasterio para la Cultura y la Educación refleja el compromiso del Programa de involucrar a los más altos organismos educativos de la Iglesia en el diálogo sobre el futuro de la misión educativa.
* Artículo escrito por IALU. Fotos: IALU.

