“Conexión La Salle” es una serie multimedial para conectar a la Familia Lasallista con algunos hechos históricos que continúan inspirando a los lasallistas de hoy.
En el episodio de hoy de Conexión La Salle vamos a comentar algunos acontecimientos relativos al final de la vida del Señor de La Salle.
Estamos en 1719. Y en los primeros días de enero, La Salle recibió una carta de su hermano Juan Luis, que le reclamaba el haber roto relaciones entre los dos. También le hablaba de algunas propiedades que todavía estaban en común entre ellos, y sobre las que el Señor de La Salle tenía que tomar decisiones, visto que su vida se iba acortando.
Simultáneamente con esto, había por la ciudad de Ruan y en otros lugares de Francia rumores de que Juan Bautista de La Salle era uno de los llamados ‘apelantes’. Los ‘apelantes’ eran un grupo de clérigos y laicos que apelaban a la reunión de un concilio para decidir acerca del Jansenismo, si era verdaderamente una visión equivocada de la vida o no. Su hermano Juan Luis y algunos sobrinos suyos estaban en la lista de los ‘apelantes’. Por eso habían roto relaciones.
Pero circulaba también el rumor de que el Señor de La Salle estaba en esa lista. Esto hizo que el Señor de La Salle sufriera mucho. Pero forma parte del proceso final de una vida el ir depurando, purificando nuestras intenciones, nuestros deseos. Sobre todo en una persona como Juan Bautista de La Salle que hizo del abandono a Dios y del desposeimiento de su propia vida el eje de lo que ha vivido.
Dolido por esta situación, él escribe en los primeros días de enero también una carta a un Hermano en Calais, justamente hablando sobre el que nunca ha dado motivos para esto. Pueden ustedes tomarse el trabajo y leerla, es una carta muy hermosa: es la carta número 65.
En enero, además, tenemos otro asunto que es el que lo va a llevar a la cama. La Salle había querido dirigirse a los alumnos que estaban en San Yon, y entonces se armó un escenario con una silla, pero en el momento en el que el Señor de La Salle se iba a sentar para hacer el discurso, algo sucedió y terminó en el suelo. Se golpeó la cabeza, y a partir de allí ya no pudo recuperarse demasiado.
En febrero vinieron unos ataques de asma, y también una acentuación del reumatismo que él sufría. Y en marzo, en una ocasión en que andaba de pie, una puerta cae sobre él. Ya no se pudo recuperar para andar, y el día 19, el día de la fiesta de San José, pudo levantarse para celebrar la misa; fue su última misa.
Pero justo ese día se firma la revocación de los poderes para confesar. El obispo se los quita. Trataron de ocultárselo, de que él no se enterara, pero cuando empezaba la Semana Santa, el Domingo de Ramos, La Salle recibió el documento que se lo estaba comunicando.
A partir de allí, empiezan a sucederse visitas y actos con los cuales él empieza a cerrar el proceso de su vida. El día 3 redacta el testamento, donde vuelve a insistir sobre su fidelidad al Papa y dispone sobre distintas propiedades. El texto del Testamento también es un texto muy hermoso que les recomiendo leer y reflexionar.
El día 5 va a celebrar, a recibir, mejor dicho, la eucaristía, de rodillas, nuevamente, levantándose al menos por un momento.
El 6 va a recibir la unción. Y ese día va a hacer un pequeño discurso con una bendición a los Hermanos, unas palabras también muy hermosas hablando de la fidelidad al modo de pensar de Jesús, al que debemos ser fieles.
Y el día 7, el Viernes Santo, alrededor de las 4 de la tarde, después de que el Hermano Bartolomé le preguntara si está aceptando los dolores que sufre, La Salle responde con aquella que es su última frase: “Adoro en todo la voluntad de Dios para conmigo”, o mejor traducido, “Adoro en todo la conducta que Dios ha tenido para conmigo a lo largo de mi vida”, o “Adoro en todo la conducción que Dios ha hecho de mi vida”. Que estos puedan ser también nuestros sentimientos.

