En una de las periferias de Bruselas, la capital de Bélgica, se encuentra la Comunidad La Salle Molenbeek, una comunidad compuesta por cuatro Hermanos de tres países diferentes: los Hermanos Alberto Gómez y Juan Pablo Martín, de España; el Hno. Mathurin Ouedraogo, de Burkina Faso, y el Hno. Jesuraj Kulandai Samy, de la India.
El término Molenbeek proviene de dos palabras neerlandesas: molen, ‘molino’ y beek, ‘arroyo’, y es el nombre del barrio donde se ubica esta comunidad de Hermanos Lasallistas.
“Esta comunidad trabaja por la integración de los inmigrantes. Está situada en una zona donde vive la mayoría de la población musulmana de nuestro barrio”, comenta el Hno. Jesuraj, director de la comunidad. “Ayudamos a los niños inmigrantes con sus estudios; por las tardes, después del colegio, vienen a que les ayudemos a hacer los deberes, ya que sus padres no hablan el idioma local, y nosotros estamos ahí para ayudarles”, continúa el Hno. Jesuraj, al detallar que “también ayudamos a los adultos a aprender el idioma, a encontrar un buen trabajo y a ganarse la vida (…) y a las personas mayores que viven solas”, organizando actividades para que se conozcan y apoyen mutuamente, “para que compartan sus historias entre ellos”.
Los orígenes de la obra
Al referirse a los orígenes de esta significativa obra socioeducativa, el Hno. Alberto recuerda que “en el Capítulo General de 2014, el Instituto decidió celebrar el 300.º aniversario del fallecimiento de san Juan Bautista de La Salle iniciando nuevos proyectos que llevarían el nombre ‘Más allá de las fronteras’. Con todo lo que significa la palabra “frontera” hoy referida a lo cultural, lo lingüístico, lo religioso”.
l Hno. Alberto llegó a Bélgica en 2015. “En aquel momento nunca se hablaba de Molenbeek ni sabía que existía”, asevera. Sin embargo, cuando se decidió que en Europa se daría paso a uno de los proyecto ‘Más allá de las fronteras’, “yo sin saber a dónde nos llevaría todo esto, propuse Molenbeek, porque aquí en Molenbeek teníamos una comunidad con un espacio amplio en un barrio que curiosamente en aquel año se hizo famoso por los atentados terroristas en Bruselas, en el aeropuerto, cerca de la Unión Europea, y casualmente los que ejecutaron aquellos atentados vivían en la calle en donde nosotros estamos ahora”.
“Entonces fue aceptado el proyecto en Molenbeek, en Bruselas, y en un principio llevó el nombre Adrián Nyel, porque la idea era volver a empezar, volver a aprender, situarse en un contexto que hoy de alguna manera nos provoca, nos convoca, nos llama a recrear la misión”.
El proyecto fue tomando forma en la medida que se fueron asumiendo diversos desafíos —incluyendo la llegada de la pandemia del Covid 19, que retrasó algunas adecuaciones a nivel de infraestructura—, hasta que “en el 2021, las obras ya estaban prácticamente terminadas, y llegaron algunos Hermanos”, agrega el Hno. Alberto, haciendo memoria de algunos de los Hermanos que han pasado por allí. “Poco a poco se fue configurando y creando esta comunidad que es la que hoy dinamiza el proyecto socioeducativo ‘más allá de las fronteras’ de Molenbeek”.
Compartir la experiencia de Dios con los jóvenes
El Hermano Mathurin, quien lleva dos años en Molenbeek, comparte que la experiencia que he vivido ha sido “bastante intensa”, al destacar “la preocupación que cada Hermano tiene por el bienestar del otro y por la misión”. “Compartir las experiencias vividas por cada uno enriquece enormemente nuestra vida, nuestro trabajo conjunto y nuestra misión”.
Una de las experiencias que más lo motivan es “la misión que hemos llevado a cabo con los jóvenes de la escuela Saint-Jean-Baptiste y a la que hemos llamado ‘Retiro social’: me ha permitido volver a sumergirme en mi papel de educador y de quien comparte su experiencia de Dios con los jóvenes”, subraya.
Tocar la realidad
La Comunidad La Salle Molembeek también acoge voluntarios internacionales y universitarios que realizan prácticas profesionales, como Jimena Iglesias-Ucha Merino y Paula Sanz Muñoz, estudiantes de educación social y trabajo social del Centro Universitario La Salle – Madrid, en Aravaca, quienes han participado en varios programas “con los más pequeños, con ayudas en Bancos de Alimentos, y personas sin hogar”.
“Hemos podido tocar la realidad”, manifiestan, pues “vivir esta experiencia ha significado saber vivir en comunidad, respetando a los demás y sobre todo aprendiendo también de ellos (…). Y además tenemos la suerte de estar en un entorno intercultural”.
Esta condición intercultural e interreligiosa también ha marcado los itinerarios de la obra lasallista, pues “Molenbeek que tiene una población de un 90% de cultura y de religión musulmana, y nosotros somos una pequeña presencia cristiana y lasaliana en este barrio”, según explica el Hno. Juan Pablo.
Hermanos de todos
“Tenemos una opción de sentirnos hermanos de todos en el barrio; y de que nuestra casa esté abierta para todos”, afirma con notable entusiasmo. “Nosotros acogemos a muchachos que quieren completar sus estudios por la tarde en nuestra casa. La mayoría son musulmanes y les animamos a que cultiven su fe, que sigan sus prácticas, por ejemplo, la del Ramadán, y ellos también nos aportan el interés que ponen en su dimensión religiosa”.
Otra importante misión tiene que ver con el acompañamiento a las asociaciones específicas de diálogo interreligioso cristiano-musulmán, de modo especial con la asociación Al Kalima, que significa ‘La palabra’. “Con esta asociación promovemos encuentros, y en concreto hay un encuentro que realizamos en nuestra casa, que lo llamamos el ‘Encuentro de Cinco’ que significa un encuentro de cinco musulmanes, cinco cristianos, para rezar juntos y para descubrir un poco el camino espiritual de cada convicción religiosa. No hacemos teoría, sino que compartimos la vida, cantamos juntos, rezamos juntos, y también proponemos acciones de acción de ayuda, por ejemplo, con los enfermos de un hospital, o visitar a los ancianos de una residencia, todos juntos”.
“Lo que intentamos es establecer puentes entre estas dos religiones, estas dos convicciones, y podernos sentir realmente hermanos los unos de los otros. Esta es un poco el sentido de nuestra presencia: ser puentes de unión y de fraternidad”, concluye el Hno. Juan Pablo.

