En muchas ciudades de la India, la transformación digital avanza a gran velocidad. Internet, las herramientas tecnológicas y las nuevas competencias están cambiando la forma de vivir, trabajar y aprender. Pero no en todas partes.
En las zonas rurales del sur de la India, para miles de niños y jóvenes, todo esto sigue estando muy lejano. En muchos pueblos, la tecnología no forma parte de la vida cotidiana y, a menudo, ni siquiera de la escuela. Y esto implica algo muy sencillo: empezar en desventaja.
Porque hoy día, no saber utilizar las herramientas digitales no es solo una dificultad académica. Es una barrera que puede cerrar puertas, impedir oportunidades y limitar el futuro.
Es precisamente de esta conciencia de donde surge el proyecto Smart Classrooms, promovido por los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que llevan años acompañando a las comunidades más vulnerables de las zonas rurales del sur de la India.
El objetivo es claro: llevar la tecnología allí donde aún no llega.
Ocho colegios de La Salle en los estados de Assam, Andhra Pradesh y Tamil Nadu han sido equipados con infraestructuras para el aprendizaje digital: pantallas LED, equipamientos informáticos y herramientas tecnológicas esenciales para la enseñanza diaria.
Un cambio concreto que ha transformado la forma de enseñar y de aprender.
Cada centro ha podido crear «aulas inteligentes», espacios en los que la clase ya no se limita a palabras escritas en la pizarra, sino que incluye imágenes, vídeos, simulaciones y actividades interactivas. Y los resultados se notan.
Los alumnos de secundaria han registrado una mejora de hasta un 7 % en los resultados de las pruebas. Pero no es solo una cuestión de notas. Los profesores hablan de clases más animadas, alumnos más curiosos y una mayor participación. Los conceptos difíciles se vuelven más fáciles de entender cuando se pueden ver, escuchar y experimentar.
«Desde que hemos introducido estas herramientas, nuestra forma de enseñar ha cambiado de verdad», cuenta un profesor del colegio La Salle St. Joseph de Keelamudiman. «Las pizarras interactivas nos permiten involucrar mucho más a los alumnos y adaptar las clases a las diferentes formas de aprender».
Para los docentes, el cambio también es importante: el tiempo dedicado a tareas repetitivas se ha reducido entre un 25 % y un 50 %, lo que deja más espacio para la relación educativa.
Pero el impacto va más allá de la escuela. En la actualidad, el proyecto llega a 2.535 alumnos, que pueden acceder regularmente a herramientas digitales durante el horario escolar, y a 274 profesores y adultos, que utilizan las aulas para formación profesional y cursos comunitarios por las tardes.
De hecho, las «Smart Classrooms» también están concebidas como espacios abiertos a la comunidad: lugares donde otras organizaciones pueden promover programas sobre salud, justicia social y concienciación cívica.
De este modo, la escuela se convierte en mucho más que un lugar de aprendizaje. Se convierte en un centro de crecimiento para todos.
Y quizá sea precisamente este el núcleo del proyecto: no solo enseñar a utilizar un ordenador, sino dar a estos jóvenes algo aún más importante: la posibilidad de no sentirse ya aislados; de estar conectados con el mundo; de imaginar un futuro más amplio que el de su propio pueblo. Porque hoy en día la alfabetización digital no es un lujo. Es una llave. Y para miles de jóvenes en la India, esa llave acaba de empezar a abrir nuevas puertas.
* Autora: Laura Ballerini – La Salle Foundation. Publicado en: Rivista Lasalliani Año XXIII – N.º 90, p. 32.

