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Para la comunidad lasaliana de Papúa Nueva Guinea (PNG), los 80 años desde la llegada de los primeros Hermanos al territorio no son un simple hito histórico que recordar, sino el testimonio de un legado vivo. La reciente celebración en Port Moresby ha reunido a varias generaciones en torno a un único núcleo: una misión educativa que mira hacia el futuro y que ofrece fuentes de inspiración para toda la red lasaliana mundial.

Las raíces: cuatro pioneros y un ADN compartido

Todo comenzó en enero de 1946, cuando cuatro Hermanos misioneros australianos —Patrick Howard, Anthony Broderick, Lucian Thorpe y Celsus Maguire— desembarcaron en Port Moresby para dar vida a la primera clase lasaliana, que comenzó con tan solo 80 jóvenes.

De esa pequeña semilla ha brotado una red inmensamente amplia. Hoy día, los principios que trajeron aquellos primeros Hermanos se han convertido en parte del ADN de la población local. En las escuelas lasalianas de Papúa Nueva Guinea se respira una profunda conexión humana: a los alumnos se les enseña que sus compañeros son hermanos que recorren el mismo camino y que merecen compasión, atención y cuidado.

A día de hoy, los puntos clave del éxito lasaliano en Papúa Nueva Guinea son:

  • La atención a los más desfavorecidos: los Hermanos y sus colaboradores han centrado la misión en llegar a «los últimos, los perdidos y los más débiles» (the last, the lost and the least), llevando la educación incluso a las comunidades rurales más aisladas.
  • La construcción de la nación (Nation-Building): incluso antes de que el país obtuviera la independencia, las escuelas lasalianas ya contribuían a formar a la futura clase dirigente; de hecho, hoy en día los antiguos alumnos lasalianos ocupan puestos clave en los ministerios gubernamentales, en los consejos de administración, en los hospitales y en el sector tecnológico, aportando al mundo laboral los valores de liderazgo y servicio aprendidos en la escuela.
  • «Juntos y por Asociación»: La unión entre las instituciones históricas y las nuevas escuelas asociadas (como la Lahara Birdwing School) demuestra la fuerza de un modelo basado en la solidaridad y el cuidado mutuo. Los testimonios sobre el terreno lo confirman: Alice Kalawan, hoy subdirectora, recuerda con emoción cuando, hace veinte años, era una alumna recién llegada al internado y había perdido su plato para la cena; un Hermano se dio cuenta y al día siguiente se presentó en el comedor con un plato nuevo para ella. Esta atención a cada persona se refleja también en los alumnos: la comunidad lasaliana de Papúa Nueva Guinea es conocida por el espíritu de solidaridad de sus jóvenes y antiguos alumnos, siempre dispuestos a apoyarse y a e se mutuamente, y a rodear a las familias de sus compañeros en los momentos de duelo (los tradicionales haus krai). 

Los laicos como protagonistas y los Hermanos como fuente de inspiración

En la actualidad, la presencia de los Hermanos en Papúa Nueva Guinea es numéricamente menor que en el pasado, pero su impacto nunca ha sido tan fuerte.

En lugar de gestionar directamente cada una de las clases, los Hermanos que permanecen en el territorio se centran principalmente en la pastoral juvenil, en la administración superior y, sobre todo, en acompañar a los directores y a los profesores laicos que hoy dirigen los colegios.

Como ha destacado Annette Ingirim, directora de la De La Salle Secondary School (la primera escuela fundada en el país): «Los Hermanos han logrado la hazaña de “dejarnos el timón”, inculcando su misión en el corazón de los educadores laicos locales. Puede que hoy los Hermanos sean pocos, pero el latido lasaliano en Papúa Nueva Guinea nunca ha sido tan fuerte».

La historia de Papúa Nueva Guinea demuestra que el carisma lasaliano es una fuerza viva, capaz de adaptarse a los tiempos y de transformar la sociedad. Desde la valentía de los cuatro primeros pioneros australianos hasta el compromiso actual de miles de laicos, estos ochenta años de misión son el reflejo de una educación que libera, une y construye el futuro. Un hito extraordinario que impulsa a toda la comunidad lasaliana internacional a mirar hacia adelante con renovada esperanza.