Preguntas Vocacionales
Podrías reconocer la llamada de Dios cuando descubres en tu corazón deseos profundos que vuelven una y otra vez: el deseo de servir a los demás, de compartir la vida con otros en una comunidad, y de entregar tu vida a Dios de una manera más plena.
Cuando esos deseos no solo te atraen, sino que también te dan paz, alegría y sentido, puede ser una señal de que Dios está actuando en tu vida y te invita a discernir más profundamente ese camino.
El discernimiento vocacional es un camino que se recorre en libertad. Nadie puede decidir por ti, y tampoco se espera que tomes decisiones definitivas sin haber hecho un proceso serio de búsqueda, oración y acompañamiento.
Por eso, arrepentirse no es un fracaso ni un castigo. Al contrario, puede ser parte del mismo proceso de discernimiento. A veces, solo al dar algunos pasos concretos es posible comprender con mayor claridad si ese camino es realmente el que Dios propone para tu vida. Lo importante es mantener un corazón abierto y sincero: abierto para escuchar, para revisar las propias motivaciones y para reconocer con humildad lo que uno va descubriendo en el camino.
La vida consagrada —como cualquier vocación— se construye desde la libertad. Si en algún momento una persona descubre que ese no es su lugar definitivo, ese tiempo no ha sido perdido. Habrá sido un tiempo de crecimiento, de conocimiento personal y de encuentro con Dios, que también forma parte de su historia vocacional.
Los Hermanos vivimos juntos en una comunidad. Allí compartimos la vida cotidiana y caminamos juntos en la misma vocación.
En comunidad tenemos tiempo para rezar y cultivar juntos nuestra espiritualidad. Juntos organizamos nuestros horarios para desarrollar nuestra misión compartida con responsabilidad. Pero también incluimos espacios para compartir con gusto las comidas y el tiempo libre.
De esta manera vamos construyendo una verdadera fraternidad, fortaleciendo la unidad y el sentido de familia dentro de la comunidad.
El ministerio de los Hermanos es ofrecer educación humana y cristiana de calidad, especialmente entre quienes más lo necesitan. En la actualidad tenemos diferentes proyectos educativos, formales y no formales, en donde ponemos nuestros dones a disposición. Con creatividad nos unimos junto con otros seglares para hacer de nuestros proyectos educativos un signo del Reino de Dios.
Los Hermanos dentro de la comunidad tenemos diferentes espacios que nos ayudan a estar constantemente unidos a Dios. Por un lado tenemos las oraciones comunitarias y la celebración de la Eucaristía. Asimismo, cada Hermano se esfuerza por acercarse constantemente a la Palabra de Dios que es leída desde la realidad que cada uno vive.
De manera especial, la experiencia de apostolado es una fuente que nos aproxima y nos hace sentir cerca a Dios. En el encuentro con los estudiantes, los maestros y otras tantas personas, descubrimos el rostro de Jesús. Y son estas experiencias las que nos llenan de fuerza para seguir dando lo mejor de nosotros al servicio de los demás.
Todos los miembros de nuestra congregación religiosa son llamados Hermanos porque somos hombres consagrados laicos, lo que significa que no recibimos las Órdenes Sagradas que se confieren a quienes pertenecen al clero. Incluso en tiempos de San Juan Bautista de La Salle, se dejó claro que todos los miembros de nuestra congregación se tratarían entre sí como Hermanos, sin que nadie estuviera por encima de los demás en la jerarquía de la Iglesia.

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